Sergio Lavandero es director del ACCDis.

La insuficiencia cardiaca con función sistólica preservada está relacionada con un aumento del óxido nítrico. Es lo que han descubierto investigadores del Centro Avanzado de Enfermedades Crónicas (ACCDiS) de Chile y el University of Texas Southwestern Medical Center de Estados Unidos. Este hallazgo  -publicado en la revista Nature– puede ayudar a desarrollar tratamientos para dicha patología.

Según ha informado el centro chileno, la insuficiencia cardiaca con función sistólica preservada es una nueva forma de insuficiencia. En esencia, impide al corazón relajarse de forma adecuada. Al parecer, está vinculada con la coexistencia de factores de riesgo. Por ejemplo, obesidad, diabetes, hipercolesterolemia, sedentarismo, tabaquismo e hipertensión arterial.

A nivel mundial, la insuficiencia cardiaca con función sistólica preservada afecta a cerca de la mitad de las personas con insuficiencia cardiaca. A pesar de su prevalencia, hasta ahora se desconocía su origen, así como tratamientos efectivos. Ahora, los investigadores han conseguido replicarla en un modelo animal, desvelando los mecanismos que hay detrás de su aparición. De esta manera, se abre la puerta a desarrollar nuevas terapias.

Cómo funciona

De acuerdo con el estudio, el aumento de óxido nítrico altera el funcionamiento de 2 proteínas que se encargan de proteger el corazón: IRE1α y XBP1s. Como consecuencia, se produce un daño cardiaco. Ese mecanismo explicaría la insuficiencia cardiaca con función sistólica. No hay que olvidar que, tanto a nivel mundial como en el país latinoamericano, la insuficiencia cardiaca es la principal causa de muerte.

“Esta nueva forma de insuficiencia cardiaca es un tema estratégico para ACCDiS, dado que debemos estar en plena sintonía con los desafíos presentes y futuros del área cardiovascular”, ha señalado Sergio Lavandero, director del centro.

Lavandero es profesor de las facultades de Ciencias Químicas y Farmacéuticas y de Medicina de la Universidad de Chile. Ha participado en el estudio junto a Elisa Villalobos y Francisco Altamirano, además de los investigadores estadounidenses. “Esta publicación en Nature no podría haber ocurrido sin la contribución de este grupo de científicos chilenos”, ha señalado Gabriele Schiattarella, primera autora de este trabajo.