Tal y como señala el estudio, el cáncer de cuello uterino es la neoplasia más frecuente y mortal entre las mujeres peruanas, registrándose 4.600 nuevos casos cada año y provocando hasta 1.700 muertes al año. Los genotipos VPH-16 y 18 son responsables del 70% de los casos en el mundo.

La investigación se llevó a cabo entre 2011 y 2014. Se estudiaron 465 muestras a través de un análisis molecular mediante reacción en cadena de polimerasa (PCR), una de las técnicas más sensibles para detectar el VPH. Las muestras procedían de pacientes sin diagnóstico de cáncer cervical y fueron remitidas desde distintos centros de salud de Lima al Laboratorio de Biología Molecular del Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas.

Los genotipos de VPH se clasificaron en función de su relación con el cáncer de cuello uterino en 3 categorías: VPH de AR oncogénico (VPH: 16, 18, 31 y 33); VPH de BR oncogénico (VPH: 6 y 11) y VPH de riesgo no definido (VPH-X). La edad media de las 465 mujeres examinadas era de 33 años y un 67,1% de los casos procedían de Lima.

Los resultados mostraron que un 65,8% de las mujeres estudiadas había completado la educación secundaria, un 10,5% la educación primaria y un 9,5% tenía un nivel superior/técnico. El estado civil predominante fue soltera (64,7%). En cuanto a los casos positivos, se registraron 151, lo que representa un 32,5% del total.

El genotipo se identificó en 93 casos, lo que supone el 61,6% del total. El 44,4% de casos positivos se correspondía con el genotipo VPH-AR y el 55,6% con el VPH-BR. En cuanto al genotipo VPH-16 estuvo presente en un 23,8% de los casos positivos, el VPH-31 en un 3,3%, el VPH-6 en un 11,9% y el VPH-11 en un 5,3%.

La prevalencia del VPH en Perú, del 32,5%, es mayor que en otros países como Bolivia (3%), Chile (14%), Méjico (14,5%), Colombia (14,8%) o Costa Rica (16%). Dentro del genotipo AR el VPH-16 es el más frecuente y en el genotipo BR lo es el VPH-6. El grupo de mujeres de 17 a 29 años, y de estado civil soltera registró mayor frecuencia de casos positivos.

Con estos resultados, los investigadores recomiendan enfatizar la participación de estas mujeres en los programas de tamizaje con métodos moleculares y citológicos combinados como parte de un adecuado seguimiento con el objetivo de detectar a las mujeres con un riesgo más alto de desarrollar un cáncer de cuello uterino.