Los dispositivos médicos de este tipo, señala el instituto mexicano, permiten la dosificación de medicamentos desde el interior del cuerpo humano y hasta ahora solo se fabricaban en el extranjero lo cual incrementaba su coste. El dispositivo mexicano se ha desarrollado a partir de polímeros como el polidimetilsiloxano.

Uno de los impulsores del proyecto, Jacobo Esteban Munguía Cervantes, ha explicado que se ha elegido este polímero porque es biocompatible, flexible y económico. “Este material podría reducir un 80% el precio comparativamente con las bombas comerciales”, ha indicado.

La mayoría de los sistemas de infusión existentes funcionan con baterías, según el científico del IPN, por lo que se propusieron construir un mecanismo diferente para el uso de fuentes de energía. Además, lograron un dispositivo menos invasivo para el paciente, asegura Munguía Cervantes.

En este sentido, los especialistas del IPN propusieron un componente termoneumático que separa 2 cámaras, una almacena el medicamento y la otra un gas propelente que se expande y presuriza el medicamento, empujándolo para que salga del sistema regulador constituido por un arreglo de microcanales. El dispositivo diseñado tiene unas dimensiones aproximadas de 5 centímetros de alto por 3 de diámetro y es válido para una terapia de 7 días.

“El suministro de fármacos será constante en unas cuantas unidades de nanolitros por segundo durante una semana, después de la cual deberá rellenarse el depósito mediante una inyección hipodérmica. Esta forma de tratamiento puede alargar la expectativa de vida de los pacientes con enfermedades crónico-degenerativas”, ha concluido.