Además de las condiciones de los pacientes, los investigadores reconocen que existe, por parte de los médicos, falta de destrezas y habilidades para lograr un adecuado vínculo que permita fortalecer una buena relación médico-paciente. Tal y como aseguran, este problema repercute en la salud del paciente geriátrico, por ejemplo, en la falta de apego terapéutico.

El estudio ha identificado una serie de aspectos que dificultan la relación entre el médico y el paciente geriátrico. Entre ellos los autores destacan la genofobia por parte del médico y las barreras culturales. A juicio de los investigadores para mejorar esta relación es necesario que haya un conocimiento más específico sobre los fenómenos psicológicos entre ambos.

En este sentido, la investigación considera imprescindibles la transferencia, la empatía y la resistencia. Los autores definen transferencia como la emoción del paciente anciano hacia el médico y en este aspecto la empatía juega un papel fundamental, aseguran. El médico ha de mejorar su habilidad para entender los sentimientos del paciente para evitar el tercero de los aspectos: la resistencia, que es la reacción negativa del paciente geriátrico en contra de la relación con el médico.

Las condiciones físicas del anciano son otro motivo que puede deteriorar esta relación. Según explican los investigadores, el médico debe tener en cuenta que un número importante de ancianos tiene dificultades auditivas, visuales o del habla. Estos problemas obligan al médico a buscar estrategias especiales para lograr una comunicación efectiva, apuntan.

Ante esta problemática, los autores concluyen que sería necesario introducir en la enseñanza desde el pregrado formación sobre una adecuada relación médico-paciente. Los autores aconsejan al médico de familia mostrar interés por el paciente, utilizar palabras comprensibles, proporcionar información sobre el tratamiento, generar tranquilidad, aconsejar, pero sin influir en la toma de decisiones, así como permitir que este exprese sus puntos de vista.