La objeción de conciencia debe ser una excepción que se produce en circunstancias muy específicas: no existe un derecho absoluto a objetar”, advierte la pediatra Concepción Bonet. La quinta sesión del V Seminario sobre Medicina y Cine del Ilustre Colegio de Médicos de Madrid (ICOMEM) ha abordado esta y otras preocupaciones del sector médico, como los cuidados paliativos infantiles, la vocación o la adicción médica, a través de Las normas de la Casa de la Sidra (1999, Lasse Hallström).

La película, a cuyo visionado acudió MedLab Media Group, narra la historia del Dr. Larch, regente de un orfanato, y su discípulo Homer. Movido por su vocación de “ser útil bajo cualquier circunstancia” el médico realiza abortos clandestinos en Maine, el último estado de la Unión en legalizar la interrupción del embarazo. Para Tayra Velasco, enfermera y profesora de bioética en la Universidad Complutense de Madrid, este personaje, adicto a la inhalación de éter, sufre “estrés moral; una ansiedad que se produce cuando profesional sabe lo que tiene que hacer, pero las normas se lo impiden”.

En España, interviene Bonet, la objeción de conciencia tiende a centrarse en la salud sexual y reproductiva de los pacientes; “podemos objetar sobre la interrupción del embarazo, sobre la esterilización voluntaria o sobre cirugías de transexualidad, pero no cuando el paciente no quiere que le amputen o no quiere tomar una medicación”. Esta situación se debe, según la pediatra, a la falta de consenso social.

“Muchas veces, las leyes van por detrás del avance de la sociedad”, opina Julia Fernández, especialista en Cuidados Paliativos y miembro de la Comisión Deontológica. “En los países donde una práctica médica no está legalizada, las encuestas suelen mostrar que dicha práctica existe en la clandestinidad”, ejemplifica Fernández sobre lo que considera “un argumento en apoyo a la despenalización”. En cualquier caso, matiza, “desde el punto de vista de la deontología es imprudente desconocer la legalidad vigente”.

Lo que sí se puede y debe hacer en una democracia deliberativa es dar razones para que una ley cambie, interviene Bonet. “Si el médico pudiese objetar sobre cualquier asunto por encima de la voluntad del paciente, no existiría el estado de derecho, pero sin libertad de conciencia viviríamos en un estado totalitario”, reflexiona la pediatra. “Los cambios sociales mueven las normativas”, corrobora Velasco.

“El hecho real es que en la sociedad hay personas que demandan prácticas como el aborto o lo muerte asistida”, resume, “son ciudadanos de una sociedad plural a los que hay que dar respuesta”, aunque esta sea, como poco, un debate. Mientras tanto, “si nos quedamos solo en lo emocional, erramos, y si nos quedamos solo en el marco legal, lo mismo”, advierte Bonet, “la ética de la responsabilidad consiste en mezclar ambas y tratar de salvar el mayor número de valores posibles”, recomienda.

El buen médico debe vivir otras realidades

A todas estas cuestiones se enfrenta también el personaje de Homer. Aunque se niega a practicar abortos, el joven atiende, sin ninguna formación reglada, los embarazos no deseados que llenan de huérfanos la casa. “A lo largo de la historia Homer va encontrando sus propias normas”, explica Bonet, “cuando la realidad del aborto adquiere para él un nombre y una cara, Homer empieza a contextualizar y a hacer balance”, dice sobre el embarazo no deseado de Rose-Rose, una temporera de manzanas con la que el joven médico convive en la Casa de la Sidra.

“Homer no sería el mismo médico al final de la película si no se hubiese enfrentado a la realidad”, sentencia Velasco. “Hace falta vivir”, coincide Fernández, “un médico humanista debe hacerse biografía, vivir otra serie de experiencias que le permitan mejorar la relación con el paciente”. Por su parte, Bonet admite que, con el tiempo, los médicos suelen abandonar su lado más paternalista. “Te vueles más flexible y empiezas a entender que el paciente siempre te llevará la delantera sobre lo que, desde el punto de vista ético, necesita para sí mismo”.

Respecto a esta evolución personal “¿el médico nace o se hace? ¿cómo se encuentra la vocación?”, pregunta Velasco. El público, que coincide en señalar la figura del maestro como objeto de referencia en la búsqueda de motivaciones, responde con otra pregunta: ¿qué tipo de formación estamos dando? y, por tanto, ¿qué vocaciones estamos creando? “Los alumnos tienen cada vez menos vocación de ayuda, son más mecánicos y solo hacen lo que les dice el libro”, lamenta una doctora entre la audiencia, “muchas veces les transmitimos solo protocolos”, admite. “Los tutores son esenciales”, interviene Bonet, “no se reflexiona suficiente sobre la responsabilidad que tenemos sobre los residentes”.

Tras esta quinta sesión de cine -la primera fue Del revés (Peter Docter, 2015),  la segunda Mi vida sin mí (2003, Isabel Coixet), la tercera Efectos secundarios (2013, Steven Soderbergh) y la cuarta La Red (1995, Irwin Winkler) – ICOMEM exhibirá otras 5 películas relacionadas, cada una, con un capítulo del Código de Deontología. La siguiente proyección, Truman (2015, Cesc Gay) versará sobre la atención médica al final de la vida.