El 81% de los encuestados consideran que los medicamentos disponibles han mejorado su calidad de vida, motivo por el que exigen una asignación elevada para la innovación e investigación en salud. Para esta mayoría, el progreso médico debería ser una prioridad durante la siguiente legislatura.

Para que este trabajo de investigación se lleve a cabo, muchos estadounidenses estarían dispuestos a pagar más impuestos -hasta un dólar semanal más-. Se trata de una tendencia común que convence al 74% de hispanos, un 68% de afroamericanos, un 67% de asiáticos y el 60% de blancos no hispanos, según la encuesta.

Tampoco hay colores políticos en este sentido, ya que tanto demócratas (75%), como republicanos (54%) e independientes (55%) están dispuestos a invertir en investigación parte de su patrimonio. Por otro lado, ante la cuestión de si la investigación médica es “causa o solución” de los crecientes costes en atención sanitaria, la mayoría admitió un “no sabe/no contesta”.

El 77% de los ciudadanos que respondieron a la encuesta, consideran importante saber si sus candidatos al Congreso y la Presidencia apoyan estas ideas sobre política sanitaria e investigación científica, sin embargo, muy pocos saben exactamente cuál es la postura oficial de sus favoritos.

En una encuesta llevada a cabo en 2015, únicamente el 17% de los estadounidenses recordó haber escuchado a alguno de los candidatos presidenciales tratar temas de ciencia. La cifra ha disminuido a lo largo del año, ya que en 2016 sólo un 12% afirmó haberles oído discutir de esta materia entre los últimos 30 y 60 días.

“Los votantes(3) están convencidos de que las autoridades deben tomar medidas para impulsar el progreso médico, pero la mayoría no saben si sus candidatos están de acuerdo con ellos en cuanto a esta prioridad”, resume la directora ejecutiva de Research!America, Mary Woolley.

“A esto se suma una gran brecha de empatía; los votantes no sienten que los políticos estén defendiendo sus intereses. No ven que se preocupen por salvar vidas o encontrar nuevos tratamientos para enfermedades incapacitantes y mortales”, lamenta, “la urgencia por encontrar nuevas curas debería ser un valor estadounidense compartido por candidatos y votantes”. 

Aunque los estadounidenses se muestran preocupados por el auge de costes, “también entienden que el progreso médico requiere recursos suficientes”, asegura Woolley. Ahora, “los candidatos tienen la oportunidad de publicitar sus planes en investigación y cerrar esa brecha de empatía con los americanos”.