“Estos equipos son demandados especialmente por las personas que proceden de los países nórdicos, Alemania y Francia, lugares donde la presencia de desfibriladores en los establecimientos públicos es bastante habitual y en torno a 8 y 10 veces superior a la de España”, asegura Nuño Azcona, director general de B+Safe. Un estudio de la misma empresa en 2015 reveló que solo el 29% de hoteles estaban cardioprotegidos.

Según la empresa, estas cifras son muy inferiores a la media de la mayoría de países europeos y de otros como Japón o Estados Unidos.  En este último, hay ciudades que garantizan a sus habitantes el acceso a un desfibrilador en menos de 3 minutos, independientemente del lugar en el que se produzca la parada cardiaca. Azcona comenta que una apuesta fuerte por la cardioprotección en el sector turístico ayudaría al posicionamiento del sector turístico.

El director general de B+Safe señala que es necesario aumentar la presencia de esta tecnología que salva vidas, así como formar al personal que trabaja en los establecimientos turísticos para poder actuar con las máximas garantías de éxito en caso de parada cardiaca. “Los hoteles incorporan múltiples dispositivos de seguridad antiincendios, de accesos, botiquines, etc. Y los desfibriladores deben ser un elemento más”, subraya.

La legislación española actual no ayuda a avanzar en este sentido. Solo Canarias regula de manera específica la obligatoriedad de disponer de desfibriladores en los hoteles con más de 1.000 plazas. B+Safe asegura haber detectado un interés creciente entre los responsables de los establecimientos turísticos españoles, tanto de la costa como del interior, por incorporar la cardioprotección a sus instalaciones y los espacios preparados para actuar.