El big data podría mejorar la toma de decisiones médicas y en consecuencia tener una influencia directa en la sostenibilidad del sistema sanitario. Así se puso de manifiesto durante el simposio Hackeando la sanidad, celebrado el pasado viernes en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC) en el marco del III Hackathon Nacional de Salud organizado por la agencia COM SALUD y la Asociación de Investigadores en eSalud (AIES).

“El big data es la tecnología que ha cambiado la forma en que tratamos los datos”, aseguró el director general de Sistemas de Información Sanitaria de la Consejería de Sanidad de Madrid, José Antonio Alonso, que fue el encargado de inaugurar el acto junto al director de COM SALUD, Carlos Mateos; la directora de la Unidad de Bioinformática del CNIC, Fátima Sánchez, y el dermatólogo Sergio Vañó.

“Aunque a veces los médicos hemos visto la tecnología como algo muy distante, hemos ido viendo que es un carro al que teníamos que subirnos”, apuntó este último, que preside la AIES.

“La tecnología nos ayuda a prevenir y a tratar”, dijo Mateos durante la apertura del simposio, que comenzó con la exposición del cardiólogo Héctor Bueno, del Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid, para quien “el trabajo multidisciplinario en equipo es la solución a los retos” que tiene la Medicina en lo que respecta a big data. Estos pasan por cambiar el modelo de digitalización de los datos.

En ese sentido, el especialista hizo un repaso por algunos por los problemas que han surgido en el proceso de digitalización, que pasan por el solapamiento del sistema analógico y digital, la existencia de una infraestructura obsoleta o la implantación de historias clínicas electrónicas no estructuradas. “Al final, a la hora de explotar el big data, lo más importante es el grado de estructuración de la información”, destacó Bueno, que puso el foco sobre la calidad de los datos, que no está validada.

El manejo y la custodia de esos datos constituyen otro de los retos de la Medicina en la actualidad, según la directora de la Sección de Bioinformática del Instituto de Genética Médica y Molecular (INGEMM) del Hospital Universitario La Paz de Madrid, Ángel del Pozo, que se centró en analizar la situación del big data en el ámbito de la secuenciación genética. Por su parte, Manuel Armayones, director de desarrollo del eHealth Center de la Universidad Abierta de Cataluña (UOCu), planteó la necesidad de explicar a la ciudadanía “qué está pasando”.

“La ciencia ciudadana está teniendo resultados maravillosos, pero hay que hacer ese trabajo de evangelización”, añadió el psicólogo.

En la misma línea, Joan Carles March, presidente de la Escuela Andaluza de Salud Pública (EASP), llamó a la colaboración entre los distintos agentes implicados en el sistema sanitario para sacar el máximo partido al big data. “Si no hay colaboración, no va a haber éxito”, agregó el experto, que fue quien lideró el debate sobre prevención que se llevó a cabo en la segunda parte del simposio; en paralelo, se celebraron discusiones sobre cronicidad y dependencia, gestión sanitaria e investigación.

En esta última se incidió en la necesidad de mejorar la calidad de los datos y sensibilizar a la ciudadanía para que colaboren en el uso de big data en investigación médica, tal y como expuso Armayones, que fue quien lideró dicha mesa. Por su parte, la discusión sobre gestión sanitaria giró en torno a los motivos para usar el big data, que pasan por mejorar la toma de decisiones médicas y la utilización de los recursos. La falta de calidad humano e infraestructura también se abordaron, como explicó el responsable de esta mesa, Carlos Arenas, vicepresidente de la Fundación Economía Salud.

Los participantes también pusieron de relieve la necesidad de diseñar una estrategia nacional de big data, de acuerdo con el también gerente del Área IX Vega Alta del Segura del Servicio Murciano de Salud. Por último, José Luis Baquero, vicepresidente y coordinador científico del Foro Español de Pacientes, expuso que la aplicación del big data a la cronicidad hace preciso integrar la visión de todos los actores y ajustar los modelos de cronicidad usados a la realidad. “El envejecimiento lleva a una mayor cronicidad, pero esta también se da en personas jóvenes”, subrayó.