La parálisis facial, habitual entre submarinistas, se produce cuando la tuba auditiva es incapaz de ecualizar las presiones entre el oído medio y el ambiente. Esto aumenta la presión sobre el nervio facial y comprime los diminutos ductos que proveen de sangre a los nervios periféricos, originando así la hipoxia.

Ignacio Mendoza, otorrinolaringólogo y autor del trabajo, ha recordado en su paper que este mismo proceso es posible durante el vuelo; de hecho, entre 1986 y 2016 se han producido 10 casos de baroparesia facial en aviones comerciales. El último de ellos, corresponde al caso clínico que presenta en la Revista de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello:

El paciente, un hombre de 53 años de edad, había referido hasta 20 parálisis faciales. Las baroparesias recidivantes comenzaban durante los despegues, se mantenían a lo largo de la travesía en avión y desaparecían a los 30 o 60 minutos de haber aterrizado.

Descender 10 metros bajo el nivel del mar supone el aumento de 1 atmósfera de presión, mientras que ascender 5.5000 metros conlleva la reducción de 1 atmósfera y media, es decir, “en aviación se produce un cambio mucho menos dramático”, afirma Mendoza.

Teóricamente, si ascendemos desde el nivel del mar hasta la altitud crucero -10.600 metros-, la diferencia de presiones entre el oído medio y el ambiente “sería de 266 cmH2O, muy por encima de la presión capilar media y del diferencial de presión 60 cmH2O, que produce congestión y edema del oído medio”.

En condiciones normales, la tuba auditiva puede resolver satisfactoriamente el aumento de volumen en las cavidades cerradas del organismo, dejando escapar el gas desde el oído medio hacia la nasofaringe. Además, la presurización de la cabina previene de cualquier peligro

En el momento de las evaluaciones del caso clínico, tantos los tímpanos como el conducto auditivo parecían sanos y las audiometrías resultaron normales; sin embargo, “la prueba con Valsalva y las degluciones de Honjo confirmaron una disfunción tubaria derecha”, explica el autor.

La tesis es que para que se desencadene una baroparesia facial en vuelos comerciales deben coexistir una serie de circunstancias, como hipotensión arterial, disfunción tubaria, un canal del facial dehisciente y cambios bruscos de presión atmosférica.

A la luz de los hallazgos, los expertos propusieron el uso previo de esteroides nasales y descongestionantes orales. Al no hacer efecto, le valoró la colocación de un tubo de ventilación en el oído derecho, una opción que fue finalmente rechazada por el paciente.

Para la prevención en enfermos con parálisis facial recurrente, “es preferible el uso de corticoides intranasales, antihistamínicos en pacientes alérgicos y descongestionantes en pacientes con patología infecciosa de la vía aérea superior”, recomienda Mendoza.