En el mes de octubre, Iglesias participó en el II Congreso Mexicano de Medicina Espacial celebrado en Guadalajara. Según dijo, cree que es importante que las nuevas generaciones se inicien cuanto antes en las ciencias espaciales, porque es ahí donde radica el conocimiento científico y tecnológico.

Además de formar parte de la Sociedad Mexicana de Cardiología, es miembro de The Planetary Society de EE. UU., y ha sido vicepresidente de la Asociación de Medicina Aeroespacial de EE. UU., presidente fundador de la Asociación Mexicana de Medicina Aeroespacial y de la Sociedad Mexicana de Ciencias de la Vida en el Espacio.

Este especialista es autor del libro Cardiología aeroespacial y La ruta del hombre cósmico, una tesis sobre la evolución científica en el espacio. En sus páginas trata de cómo el hombre se puede convertir en “otra especie de Homo sapiens” por la ausencia de gravedad. Además de estas obras, tiene multitud de colaboraciones relacionadas con este campo.

Para él, la Misión del Apolo 8 (21 octubre 1968) lo catapultó como un pionero en la cardiología espacial y en la telemedicina. Una vez acabados sus estudios de Medicina en las Fuerzas Aéreas Americanas y la NASA, formó parte del equipo médico como responsable de Cardiología en el Programa Apolo 8.

Un día de su vida que no olvidará fue el 24 de diciembre, cuando recibió la primera lectura de un electrocardiograma desde la órbita lunar. Este electro monitorizaba el corazón del astronauta William Anders, según Iglesias, mejor de lo que se podría haber hecho en un hospital de Tierra.