Tim Peake, astronauta de la NASA y conocido por sus diversos experimentos sobre cómo afecta la ausencia de gravedad al cuerpo humano desde la Estación Espacial Internacional, explicó que una persona solo se marea durante unos pocos segundos cuando se inicia una aceleración drástica a gran velocidad. El hecho en sí de girar en ingravidez, no afecta igual al cuerpo en la Tierra que en el espacio.

La razón por la que el cerebro humano se adapta a la ingravidez para evitar mareos se explica por la agitación del fluido en el oído interno. En una situación de ingravidez, esto no pasa porque el líquido se mantiene flotando en el oído, razón por la que el astronauta se marea en el primer contacto con el espacio.

Luego, el cerebro humano se adapta a la ingravidez y solo tiene en cuenta las señales que se reciben por los ojos, desatendiendo las del oído. Cuando el cosmonauta regresa a la Tierra, su cerebro debe realizar la operación inversa: volver a adaptarse a que ese fluido se coloque en situación inicial, lo que también puede causarle mareos repentinos.

Las investigaciones que se realizan sobre la microgravedad, la ingravidez o las aplicaciones médicas del espacio a la salud están teniendo resultados en el campo de la rehabilitación y la Nefrología durante este mes de julio.