Ante el evidente daño renal que sufren los astronautas en el Espacio, la Universidad de Washington está investigando un método para intentar reducir los cálculos renales fuera de la órbita terrestre. Para ello, está desarrollando un sistema basado en ultrasonidos capaz de reposicionar los daños renales mediante propulsión ultrasónica tanto en la Tierra como en el Espacio.

En este estudio, publicado en PMC (US, National Library of Medicine National Institutes of Health), se analiza el desarrollo y la situación actual de las tecnologías, así como la integración en el sistema de ultrasonidos flexible patrocinado por el Instituto de investigación Biomédica Espacial y la NASA.

La salud de los astronautas se ve amenazada por la desmineralización ósea, la deshidratación y el mayor riesgo de formarse cálculos renales. Desde este estudio señalan que la incidencia de los cálculos renales es directamente proporcional a la duración de las estancias en el Espacio, es decir, cuanto más largas sean, más posibilidades de daño renal hay.

Según concluye el estudio, el daño renal parece estar controlado para las misiones de la ISS (International Space Station) y para las misiones a la Luna, pero no para expediciones al espacio profundo o interplanetarias. No todos los astronautas pueden seguir los tratamientos farmacológicos porque podría implicar la aparición de otro tipo de afecciones.

Hasta hoy, se ha conseguido un progreso relevante para aconsejar el uso de ultrasonidos en presencia de cálculos renales, se ha mejorado en su diagnóstico por imagen y en la capacidad para desmenuzar los cálculos renales con ráfagas de ultrasonido, se ha desarrollado la propulsión ultrasónica para los cálculos pequeños y se ha logrado aliviar los síntomas de obstrucción de piedras en el riñón.

Las tecnologías de ultrasonido siguen perfeccionándose y se espera que, poco a poco, el riesgo de que se formen piedras en los riñones de los astronautas mientras permanecen en el Espacio empiece a controlarse en las misiones espaciales.