El síndrome de presión intracraneal y el deterioro visual son 2 afectaciones habituales en los astronautas que han sido de nuevo analizadas en un estudio de Microgravity. En esta investigación, se señalan ambas patologías como afecciones neurooftalmológicas típicas de ambientes en microgravedad durante misiones de larga duración.

Según apunta el estudio, la hipertensión intracraneal idiopática se caracteriza por una elevación crónica de la presión intracraneal cuando no hay lesiones de la masa intracraneal. Debido a que la presión y la hipertensión intracraneal comparten manifestaciones neurológicas y oftalmológicas, podría usarse un mismo modelo de estudio para analizar los procesos subyacentes a la presión.

Este análisis supone una investigación de las vías moleculares relacionadas con la elevación de la presión intracraneal en casos de hipertensión intracraneal idiopática. La exploración espacial implica riesgos neurológicos y oftalmológicos para la salud de los hombres, entre ellos la alta presión intracraneal cuando se vuelve a la Tierra. Se observó que aquellos astronautas que participaron en viajes espaciales largos sufrían impedimento visual.

Una vez en la Tierra, este tipo de descubrimientos neuroanatómicos coincidían con hipertensión intracraneal idiopática; por eso, se analizó la expresión génica del ARN exosómico en líquido cefalorraquídeo y en plasma en pacientes con una presión intracraneal superior a los 18 mm Hg comparada con aquellos pacientes que la tenían de normal a moderadamente alta (entre 11-18 mm Hg).

Exposición microgravedad

El estudio solo examinó un panel limitado de ARNm y ARNm, pero esperan haber encontrado una cantidad de genes superpuestos parecidos con un cribado de expresión similar al de un microaarray de genoma completo. Pese a la superposición de genes expresados del líquido cefalorraquídeo y plasma, las vías localizas relacionadas con el incremento de la presión intracraneal fueron parecidas.

El análisis a nivel del líquido cefalorraquídeo indicó procesos de muerte cerebral quizá dirigida, según señala el estudio, por el miR-9. La hipótesis se apoya en la evidencia que implica al miRNA-9 en patologías degenerativas. Además, los miARN circulantes estaban ocupando una posición determinante como biomarcadores de cribado en enfermedades del sistema nervioso central.

Los resultados de la encuesta del líquido cefalorraquídeo indican procesos neuroinmunomoduladores. Para probar esta hipótesis, necesitan seguir trabajando con astronautas expuestos a microgravedad y a cambios causados por el aumento de la presión intracraneal