El pasado domingo 17 de septiembre, la ingeniera aeronáutica de la NASA, Ansley Barnard, el astrobiólogo Samuel Payler, los ingenieros Joshua Ehrlich y Brian Ramos, la informática Laura Lark y el investigador independiente James Bevington, se reunieron con sus familiares, amigos y medios de comunicación tras pasar más de medio año viviendo en un área remota a 8.200 pies de altura sobre el nivel del mar.

El espacio de convivencia de la expedición simulada, de 1.200 pies cuadrados utilizables (112 m2), contaba con una cocina, un laboratorio, un solo cuarto de baño, pequeños dormitorios, un área de trabajo y una esclusa simulada. Según explica la Universidad de Hawái en la descripción de la misión, el entorno exterior, frío, seco y con escasa flora y fauna, se encontraba visualmente aislado para la tripulación.

Así mismo, las rutinas diarias de exploración, trabajo de campo, ejercicios deportivos y de colaboración y administración de la vida diaria -incluyendo la preparación de alimentos a partir de ingredientes básicos deshidratados- debían realizarse bajo condiciones similares a las que se experimentarían en un viaje espacial de larga duración:

  1. Autosuficiencia parcial.
  2. Comunicación asíncrona y retrasada.
  3. Acceso al exterior con trajes espaciales.
  4. Monitorización continua de las interacciones, la salud y los niveles de estrés.