Tras un experimento con peces Medaka en la International Space Station (ISS), los colaboradores de Akira Kudo se dieron cuenta de que la actividad de los osteoclastos era más alta y tenía más volumen en ingravidez. Además, la densidad mineral ósea de los peces disminuía mientras permanecían en la estación.

Mediante microscopios electrónicos, los científicos se dieron cuenta de las anomalías que había en las mitocondrias de los osteoclastos. Estas mitocondrias son las encargadas de producir las enzimas que convierten la comida en energía.

Una vez realizados los análisis genéticos, se descubrió que había un aumento de la actividad de aquellos genes relacionados en la función de las mitocondrias. Esto parecía indicar que el hecho de que los osteoclastos se activaran estaba relacionado con el comportamiento de las mitocondrias a la microgravedad.

Los Medaka son unos peces muy útiles para la investigación en biología porque sus características hacen que sean fáciles de mantener y de estudiar. Los peces ya se han reproducido en el Espacio con anterioridad a este estudio, y han llegado a pasar 2 meses en la ISS.

Las imágenes de los peces fueron captadas por microscopía de fluorescencia que se controlaba desde el Tsukuba Space Center de Japón. En ellas se mostraba cómo las intensidades de los osteoclastos se incrementaron al cuarto y sexto día después del lanzamiento.

El estudio supone un gran paso para descubrir los mecanismos que hacen cambiar la estructura ósea al ser sometido a microgravedad, justo cuando se inicia la pérdida de hueso. Gracias al control remoto, se dieron cuenta de que los aumentos de osteoblastos y osteoclastos se producen poco después del lanzamiento.