Todas estas razones convirtieron a la bacteria en un cultivo imprescindible de Melissa. La primera cosmonauta en consumirlo en una misión espacial fue Samantha Cristoforetti. Ahora, se pretende emprender un programa piloto en el Congo de suplementos alimenticios para convertir los residuos en comida.

De la estación espacial al Congo

Un equipo de investigadores de Melissa está intentando recrear en Bikoro (República Democrática del Congo) un ecosistema para convertir los residuos en comida, agua y oxígeno. Las investigaciones se basan en: la actividad enzimática, la expresión génica, la absorción de luz o cómo se mueve mientras crece.

Si este proyecto saliera adelante, podría suplementarse la dieta local, hasta ahora basada en la yuca, con vitamina A y hierro. El procedimiento consistiría en cultivar la bacteria en un recipiente con bicarbonato de potasio, agua y otros ingredientes de la región. Si les da la luz del sol y se mueven con frecuencia, la cosecha podría ser óptima, según informan desde la web científica de la Comunidad de Madrid.

En el espacio, se están haciendo ensayos con la bacteria arthrospira para intentar cultivarla en un entorno de ingravidez. La espirulina se transportará hasta el laboratorio de la ESA para ver cómo se adapta al medio porque determinar cómo crecerán ciertos microorganismos en el espacio es todavía una incógnita.