La carrera espacial de las mujeres ha estado en un segundo plano desde los orígenes de la exploración. Según Randy Lovelace, el médico especializado en Medicina Aeroespacial que diseñaba las pruebas que debían pasar las aspirantes a astronautas, las mujeres disponían de unas condiciones físicas mejores que los hombres. Ellas eran más bajas que ellos, lo que les hizo pensar que ahorrarían combustible, según explica la física Sara Gil y publica Madrid+D.

Después de hacer unas pruebas a Jerrie Cobb, se descubrió el potencial de las mujeres en la carrera espacial y se puso en marcha un proyecto secreto para formar un equipo de mujeres astronautas con aviadoras de la Segunda Guerra Mundial, el Mercury 13. Este proyecto fue una iniciativa de William Randolph Lovelace con fondos privados para llevar al espacio a la primera mujer. Pero cuando la NASA se enteró, se negó en rotundo a continuar con la misión.

Las mujeres superaban a los hombres en las pruebas psicológicas pese a que sus pruebas fueron bastante más duras. En los tanques de aislamiento sensorial, las mujeres no perdían los nervios tanto como los hombres y batieron los récords aguantando. Esta piloto superó la nota de todos sus compañeros hombres, pero no fue seleccionada.

En este contexto de discriminación vivieron las mujeres durante los inicios de la carrera espacial de la NASA, marcadas por el machismo de la agencia y del gobierno. Pero Cobb no fue la única. La NASA tenía, según apunta el documental Mercury 13, grandes candidatas para protagonizar la aventura en el Espacio, pero el sexismo era superior a los resultados de las pruebas de aptitud, lo que hizo que los soviéticos se les adelantaran al enviar a la primera mujer fuera de la órbita terrestre: Valentina Tereshkova.

Cobb pensaba que había que enviar al Espacio a la persona más cualificada, independientemente de su sexo. La piloto intentó parar la discriminación y acudió al Congreso sin éxito después de tener que escuchar los comentarios de su compañero, John Glenn en los que aseguraba que las mujeres no debían ir al Espacio por una cuestión de “orden social”. Años después, la soviética Tereshkova daba 48 vueltas a la Tierra mientas que Glenn solo 3.

Aunque la NASA contrató a Cobb como consultora para temas relacionados con las mujeres, ella siempre afirmó que fue muy poco consultada por los prejuicios sociales, razón que le llevó a abandonar su puesto de trabajo. Mientras, el debate público seguía presente en la sociedad y las mujeres fueron objeto de todo tipo de comentarios discriminatorios hacia su persona y trabajo. No sería hasta 1983 cuando EE. UU. enviara a la primera mujer al espacio, Sally Ride, aunque las mujeres del Mercury 13 tendrían que esperar algo más.