Al contrario de la creencia general, el estudio ha demostrado que la comida salada reduce la necesidad de beber, un descubrimiento de especial relevancia para los viajes espaciales, en los que cada gota de agua cuenta.

Para estudiar la relación entre la ingesta de sal y el consumo de agua, los investigadores seleccionaron 2 grupos de una decena de voluntarios masculinos, a los que encerró en una nave simulada durante 105 y 205 días respectivamente. Se les suministró 3 dietas con diferentes niveles de sal durante periodos distintos a cada grupo.

La comida salada hizo que los falsos astronautas bebieran menos, acumularan mayor contenido de sal en la orina y tuvieran más hambre. La razón es que consumían más energía para sintetizar la urea de manera que el organismo acumule más agua en los riñones.

“Al parecer, la naturaleza ha encontrado una forma de conservar el agua que de otra manera sería llevada hasta la orina por la sal”, señala el profesor Friedrich C. Luft.