Los científicos creen que mientras se permanece en la Tierra, el cerebro toma como referencia las sensaciones causadas por la gravedad, y se centra en combinar la percepción del cuerpo con la información visual para coordinar el movimiento. El astronauta Thomas Pesquet ha sido la primera persona en la que se ha experimentado con realidad virtual para comprobar los efectos de la ingravidez en los sentidos.

Para realizar el experimento, se ató a Pesquet a unas correas para evitar que chocara con otros objetos. Luego, se le colocaron unos auriculares de realidad virtual que le presentaban distintos escenarios para entender cómo el cerebro se adaptaba a los nuevos entornos.

Cuando se coge un objeto, el cerebro calcula con pistas visuales la cantidad de músculos del hombro que tiene que mover para contrarrestar la fuerza de la gravedad y mantener el brazo en posición recta.

Vivir en el Espacio precisa una adaptación fisiológica compleja. El cerebro debe hacer frente a un mundo en ingravidez, y tareas tan simples como agarrar un objeto se convierten en toda una dificultad. Entender el funcionamiento del cerebro durante los vuelos tripulados es uno de los aspectos que más preocupa en las ciencias espaciales.