Es fundamental el reconocimiento de sus síntomas y, sobre todo, la prevención con una adecuada organización de las actividades profesionales y extraprofesionales de las tripulaciones. Todos los implicados tienen que concienciarse del problema y aplicar las medidas preventivas y correctoras adecuadas. Es responsabilidad de todos: autoridades aeronáuticas, compañías y empresas aeronáuticas y trabajadores”, aseguró el coronel médico.

Cuando se le preguntó si pensaba que las aerolíneas usaban el riesgo de fatiga para encubrir malas prácticas, el doctor Delgado dijo que no. La razón no es otra que es un mundo muy regulado y con mucha profesionalidad. “La tentación de malas prácticas existirá siempre en cualquier actividad humana , la regulación las debería impedir también siempre”, matizó.

En cuanto a si existía la necesidad de invertir más recursos en el entrenamiento y la supervisión de los operadores de vuelo, aseveró que ese era un criterio básico de cualquier sistema de control de calidad. “El secreto está en cómo establecer los protocolos y procedimientos adecuados para llevar a cabo ese entrenamiento y como evaluar los resutados”, puntualizó.

La fatiga, detalló, se reduce si se favorece el adecuado descanso previo a la actividad, se establecen límites de actividad en función de la carga de trabajo y se fomenta una adecuada formación y entrenamiento que aumenten las capacidades de los pilotos, tripulantes y controladores. De este modo, se reduciría el estrés profesional y la fatiga derivada del mismo.

Los pilotos son una población bastante concienciada con la salud, según comunicó el coronel médico, porque son conscientes de que su carrera depende, en gran parte, de su estado de salud. Al igual que en el resto de la población, las patologías aumentan su frecuencia con la edad y con el hecho de no llevar unos hábitos de vida saludables (dieta, sedentarismo, tabaco). Las principales causas por las que más fallan en un examen de rutina son los problemas metabólicos (dislipemias), la hipertensión o el sobrepeso.