Los aparatos que utilizan en el “gimnasio espacial” están preparados para adaptarse a las condiciones especiales de la microgravedad. La cinta de correr o las pesas, tal y como se conoce en la Tierra, pasaron a la historia. En el espacio, rusos y americanos desafían las leyes de la gravedad para evitar que sus cuerpos sufran los menores daños posibles.

 

La bicicleta estática es sustituida por el CEVIS (cicloergómetro con sistema de asilamiento por vibración), sin sillín ni manillar. Esta bicicleta no es más que un soporte y unos amarres a los que se engancha el astronauta mientras pedalea, seleccionando una resistencia exactamente igual que se hace en una clase de spinning en la Tierra.

Para correr, tienen la cinta Colbert, que recopila datos para que los médicos y los científicos se aseguren del rendimiento y la efectividad del ejercicio físico. En esta cinta, que va ya por su segunda generación y está perfectamente adaptada a las condiciones espaciales, pueden correr a una velocidad entre 5 y 20 kilómetros por hora.

No podía faltar una máquina para mantener la masa muscular de los brazos. El ARED (dispositivo avanzado para ejercicio de resistencia). Este aparato, más parecido a una máquina de tortura que a un elemento para estar en forma, cuenta con unas resistencias que simulan el ejercicio que se haría con pesas, pero sin gravedad.

Los rusos tienen sus propios aparatos para cuidar su salud durante el tiempo que duren sus misiones. La BD-2 y la VB-3 son la cinta de correr y la bici estática, que cumplen las mismas funciones que las anteriores: ejercitarse sin gravedad y evitar la pérdida de masa muscular. El sistema es igual, el cosmonauta se sujeta a unos enganches para evitar los desplazamientos.