La masa muscular del astronauta se ve perjudicada por la inactividad durante los vuelos espaciales. Esta es la conclusión a la que ha llegado un estudio publicado en Journal of Physiology. Para llegar a estos resultados los autores del estudio simularon el impacto de los vuelos espaciales en el cuerpo durante 21 días, así como los efectos de la microgravedad.

Según explican los investigadores, tanto en los vuelos espaciales como en la Luna o Marte, los astronautas se ven expuestos a la microgravedad, lo cual genera un estrés ambiental que incide negativamente en los órganos, sistemas y funciones del cuerpo. Esta condición afecta también a la masa muscular del astronauta, a sus huesos, el sistema cardiovascular, respiratorio y nervioso, añaden.

Además, los ambientes espaciales se caracterizan por su bajo contenido de oxígeno lo que da lugar al estrés hipóxico, según detalla el estudio. El oxígeno es necesario, según explican los autores de la investigación, para producir energía durante el proceso de metabolismo oxidativo. Para estar activas, las personas utilizan los músculos esqueléticos para moverse y activar este metabolismo.

En este estudio, los investigadores comprobaron que la masa muscular del astronauta se veía afectada no solo por la falta de oxígeno sino también por la inactividad. La inactividad y la hipoxia se relacionan con varias enfermedades cardiovasculares y respiratorias, recuerdan los investigadores. Por este motivo, sugieren que, para el músculo esquelético la inactividad puede ser peor en comparación con la hipoxia.

De confirmarse este descubrimiento, indica el estudio, tendría consecuencias relevantes sobre las intervenciones terapéuticas y de rehabilitación: la corrección de la hipoxia podría ser menos crítica que la corrección de la inactividad.

El estudio dirigido por fisiólogos de la Universidad de Udine se llevó a cabo con la Universidad de Pavía, el Politécnico de Milán, la Universidad de Munich, el Centro Aeroespacial Alemán, el Centro Sueco de Fisiología Aeroespacial, el Instituto Jožef Stefan de Liubliana y la Universidad Simon Fraser de Burnaby.