Los vuelos espaciales implican riesgos para la salud, entre ellos el deterioro muscular y óseo. La pérdida de densidad ósea es uno de los problemas que más preocupa a los astronautas, razón por la que la microgravedad es constante objeto de estudio.

La pérdida de la densidad ósea tiene una naturaleza similar a la osteoporosis, una patología muy habitual en las personas mayores. Comprender la microgravedad en el tejido óseo y los efectos en los organismos vivos puede ayudar a encontrar nuevos métodos clínicos para hacer frente a este problema.

Según explicó Gusev, uno de los organismos que permiten analizar los efectos del vuelo en la salud son los peces, porque el agua estabiliza sobrecargas y compensa la microgravedad. En esta investigación se observan los resultados de otros factores, como la radiación espacial y otras sensibilidades a la gravedad.

La ISS ya ha estudiado una variedad concreta de peces, los Medaka, una especie muy útil para la investigación biológica por sus características genéticas. Estos peces, después de pasar un tiempo en el Espacio, empezaron a perder densidad ósea a una velocidad mayor que la der ser humano.

Este estudio ruso japonés pretende explicar a qué se debe y cómo influyen los genes en la osteoporosis de los Medaka. Estos peces, con proteínas fluorescentes, han sido modificados genéticamente, y sus proteínas se originan en los osteoclastos y los osteoblastos. Con las investigaciones se dieron cuenta de que ambos tipos de células aparecían más rápido en la Tierra.

La microgravedad implica varios cambios en el organismo, por ejemplo, la redistribución de líquidos, hipertensión y vértigo. La mineralización de los huesos disminuye, pero se sabe poco acerca de cómo reaccionan los osteoblastos y los osteoclastos en estas condiciones.

Las investigaciones plantean que los genes específicos osterix y osteocalcina pueden reaccionar a los cambios de gravedad debido a que su actividad se elevó simultáneamente durante el experimento.

Según el estudio, las hormonas glucocorticoides aumentan la actividad del factor de transcripción AP-1 que regula la expresión génica en respuesta a una variedad de estímulos, incluyendo citocinas, las infecciones bacterianas o víricas y el estrés. Los glucocorticoides, aseguran, pueden estar involucrados en las fluctuaciones de actividad de los osteoclastos.