"Estos tejidos no pueden renovarse. Por este motivo, se utilizan biorreactores o dispositivos que mejoren el desarrollo de tejidos y células en muchas aplicaciones de ingeniería de tejidos de cartílago. Algunos estudios sugieren que los biorreactores de microgravedad son ideales para observar el proceso. Otros, sin embargo, muestran que serían más adecuados los biorreactores que imitan la presión hidrostática necesaria para producir cartílago. Nuestro estudio prueba ambas teorías ", asegura Loboa.

Según recuerdan los expertos, la diferenciación condrogénica es el proceso por el cual se desarrolla el cartílago, el cual sirve, a su vez, de base para la formación ósea. Además, el cartílago no se renueva una vez que se rompe o falla, motivo por el que los bioingenieros en esta materia pretenden profundizar más aún en los posibles factores de reparación.

El reposo en cama, similar a la microgravedad

Loboa y su equipo probaron la diferenciación condrogénica en células humanas a través de biorreactores que simulaban microgravedad o presión hidrostática. Los científicos descubrieron que la presión hidrostática cíclica, que se ha demostrado que es beneficiosa para la formación de cartílago, aumentaba 3 veces la producción del mismo y originaba tejidos más fuertes. Por su parte, la microgravedad disminuyó la diferenciación condrogénica.

"Nuestro estudio proporciona una visión que muestra que la carga mecánica desempeña un papel crítico durante el desarrollo del cartílago. Además, muestra que la microgravedad que se experimenta en el espacio, que es similar a la que experimentan los pacientes que están en reposo en una cama durante largos periodos de tiempo, puede inhibir el cartílago y la formación ósea”, explica Loboa.

Ante estos resultados, los investigadores sugieren que “los bioingenieros y los cirujanos de vuelo involucrados en la salud de los astronautas deben considerar este hecho mientras toman decisiones para regenerar el cartílago de los pacientes y durante los viajes espaciales". El estudio, publicado en Aerospace Medicine and Human Performance, fue financiado por el National Space Biomedical Research Institute y la NASA, entre otras entidades.