Mathias Basner, uno de los becados, de la University of Pennsylvania, se ha propuesto estudiar los efectos de la gravedad artificial en la plasticidad estructural y funcional durante el reposo en una cama con inclinación de la cabeza hacia abajo, mientras su compañero del Baylor College of Medicine, Eric Bershad, se centrará en los efectos fisiológicos y anatómicos de la centrifugación en esa misma postura.

Rachael Seidler, de la University of Michigan, se pregunta si la gravedad artificial, intermitente o continua, es capaz de contrarrestar el deterioro neurocognitivo provocado por las largas estancias en reposo. Scott Smith del NASA Johnson Space Center tratará de dar respuesta a las alteraciones de la fisiología musculoesquelética, metabolómica, proteómica y metalonómica de los astronautas.

Estos 4 proyectos, revisados por el gobierno de Estados Unidos, así como por expertos en ciencia y tecnología de todo el mundo, han sido seleccionados de entre un total de 25 propuestas para recibir una dotación económica de 3 millones de dólares (2.700.000 euros aproximadamente) durante un periodo de 2 años de duración. Se suman así a otros 7 estudios seleccionados previamente por la Agencia Espacial Europea (ESA).

Los procesos experimentales de todos ellos se llevarán a cabo en el centro de investigación Envihab, perteneciente al Institute of Aerospace Medicine del German Aerospace Center (DLR), ubicado en Colonia (Alemania). Concretamente tendrán lugar en el módulo de reposo y la centrifugadora de brazo corto, donde los sujetos se someterán a 60 días de reposo en cama con una inclinación de 6 grados de la cabeza hacia abajo.