Esta radiación ionizante de alta energía (GCR) son restos de supernovas y de tormentas solares, así como eventos de partículas solares (SPE) y eyecciones de masa coronal (CME) del sol que pueden causar daños tanto a la salud de las tripulaciones como a las naves espaciales.

Dados los peligros de la radiación ionizante en los astronautas, desde el Programa de Investigación Humana de la NASA se están estudiando los efectos de la radiación en el cuerpo humano y cómo monitorizar y proteger al cosmonauta de este enemigo tan peligroso.

Tony Slaba, doctor en Físicas de la NASA, aseguró que se estaban utilizando dosímetros para calcular la cantidad de energía que se almacena en el cuerpo del astronauta, además de herramientas de vuelo que tratan de estimar qué tipo de efectos biológicos podrían experimentarse.

"Las tormentas solares pueden causar enfermedad aguda por la radiación durante el vuelo espacial que tiene que tratarse en tiempo real. También hay un riesgo adicional de exposición a GCR que pueden causar efectos en el sistema nervioso central y otros asociados con el cáncer y las enfermedades cardiovasculares después de la misión ", puntualizó Slaba.

Ya que la estrategia de blindaje para evitar la radiación ionizante es muy complicada, desde el centro espacial estudian si sería posible desarrollar contramedidas farmacológicas que paliasen los efectos de la radiación. Además, desde la NASA están desarrollando herramientas de pronóstico del tiempo espacial para advertir con antelación sobre las partículas solares.

El Programa de Investigación Humana de la NASA está intentando investigar y validar contramedidas biológicas para proteger a los astronautas de los perniciosos efectos de la radiación ionizante. Por eso, intentan incluir nuevas formas de mitigar la exposición de todas las variantes del clima espacial.