William J. Brady, autor principal del estudio, ha matizado que las situaciones de emergencia durante el transcurso de un trayecto aéreo comercial tienen lugar con más frecuencia de lo esperado, tanto es así que se produce aproximadamente un caso por cada 604 vuelos. Esto supone una prevalencia mayor que la de cualquier patología denominada como rara, que afecta a una de cada 5.000 personas.

Por otro lado, el especialista y su equipo han señalado que las condiciones de atención “distan de ser las idóneas”. En este sentido señalan, por ejemplo, la falta de equipo médico, como desfibriladores automáticos, o la imposibilidad de administrar ciertos medicamentos durante el trayecto, como sucede con los sedantes, necesarios para contener algunas emergencias de tipo psiquiátrico que pueden llegar a ocasionar lesiones al resto de pasajeros.

Dichos episodios psiquiátricos constituyen el 3,5% de las emergencias de abordo, mientras los estados mentales alterados más leves suponen el 5,8%, los síntomas cardiacos llegan al 8% y las paradas cardiacas al 0,3%. Estas cifras son llamativas si se tiene en cuenta que este último porcentaje de paradas cardiacas equivale al 86% de los eventos médicos que concluyen en fallecimiento a bordo de una nave.

Atar al pasajero u omitir la asistencia, alternativas válidas

Frente a este abanico de síntomas, que muchas veces vienen causados por factores estresantes como retrasos en los vuelos, aglomeraciones o medidas de seguridad demasiado invasivas, los médicos deben recurrir a medios poco ortodoxos. Entre ellos, el de atar e inmovilizar al pasajero enajenado, según ejemplifican los autores. En este tipo de situaciones extremas, también suele entrar en juego el llamado imperativo ético.

“Hasta el año 1998, en Estados Unidos, los médicos podían ser demandados al no prestar atención requerida”, recuerda Brady, sin embargo, “hoy por hoy, los aviones no tienen servicios sanitarios propios y, en el caso de que un médico esté volando cuando se produzca una emergencia, no tiene obligación legal de atender”, sentencia el experto. Según la legislación actual, el sanitario estaría protegido frente a cualquier acción, excepto la de negligencia descarada o daño intencionado.

Si se diese el caso, por ejemplo, de que el galeno tuviese fobia a volar, y se encontrase en estado de nerviosismo o ansiedad durante el vuelo, sería preferible que se abstuviese de actuar frente a una emergencia, ante la posibilidad de ejercer una mala praxis motivada por su estado. Para aclarar estos roles y responsabilidades, los autores han especificado una serie de pasos a seguir.

Aterrizaje de emergencia

En primer lugar, el profesional deberá presentarse ante los responsables y justificar sus cualificaciones médicas, procediendo a hacer lo mismo frente al paciente. En la medida de lo posible y si este se encuentra consciente, el experto también deberá solicitar su consentimiento antes de proceder a tratarlo.

A partir de este momento, el médico podrá requerir el acceso al equipo médico disponible y la colaboración de la tripulación cualificada, incluyendo la de un intérprete si fuese necesario. Tal como sucede en tierra, el médico tratará de recopilar datos sobre la historia clínica del paciente y revisará sus signos vitales, preferiblemente mientras mantiene al enfermo en posición de sentado.

En casos de extrema urgencia el galeno podrá solicitar un aterrizaje de emergencia, si bien la decisión última corresponderá al comandante de la nave. Una vez el doctor se haya hecho cargo del paciente deberá permanecer a su lado hasta el momento del aterrizaje, o cuando el enfermo pueda quedar custodiado por otro sanitario.