La Organización de Naciones Unidas prohíbe arrojar cadáveres al Espacio porque lo consideran un elemento contaminante, y dejarlo en la estación espacial afectaría la salud de los demás tripulantes. Para solucionar el problema de qué hacer con los cadáveres en el Espacio, la NASA está perfilando el proyecto Body Back.

Según este proyecto, si un astronauta fallece, debería estar aislado durante 24 horas para que no contamine. Después, se le metería en una especie de sarcófago hecho por una bolsa de Gore Tex que se hincharía, y se congelaría hasta alcanzar el estado sólido. A continuación, un brazo robótico desintegraría el bloque, y lo convertiría en polvo que podría lanzarse al Espacio.

Si la familia del fallecido quisiera recuperar parte de los restos, una opción sería no arrojar todo el polvo al exterior y mantener una parte en la bolsa, que podría plegarse hasta adoptar la forma de un cuadrado y enviarse a la Tierra. El proyecto Body Back, diseñado por la sueca Sussane Wiigh-Mässak, la primera opción para los entierros espaciales.

Si los viajes de larga duración fuera de Órbita se hacen realidad, además de realizar los controles médicos rutinarios que se realiza hasta ahora, tendría que definirse el protocolo para saber qué hacer con los cadáveres en el Espacio sin que peligre la salud de los demás. Mantener el cuerpo en la estación espacial haría peligrar la salud física y mental de las tripulaciones, por lo que Body back es, de momento, la opción más factible, según informa desde Outer Places.