Aunque los equipos de especialistas en Medicina Aeroespacial son conscientes de los riesgos de los cosmonautas en las misiones espaciales y de los peligros del entorno al que se someten, la exposición a los rayos cósmicos puede producir daños en el sistema nervioso central mucho tiempo después de haber vuelto de la misión espacial.

Las consecuencias de este daño pueden ser desde ansiedad, dificultades para tomar decisiones, hasta depresión o déficit de memoria que, además, puede agravarse con el paso del tiempo y llegar a ser crónicas.

Las pruebas se realizaron con ratones sometidos a oxígeno ionizado y titanio. 6 meses después de esta exposición realizada en la NASA, se observó que el cerebro seguía inflamado y las neuronas dañadas. Se realizó, entonces, un análisis que detectó que la red neuronal estaba afectada por la disminución de dentritas que afectaba la transmisión de señales.

El equipo de investigación se dio cuenta de que la radiación de rayos cósmicos suprimía el miedo, un proceso por el que el cerebro eliminaba asociaciones estresantes o desagradables anteriores, lo que podría suponer un problema en los viajes programados a Marte, cuya estimación es, aproximadamente, de 3 años.

Los astronautas que permanecen en la Estación Espacial Internacional no están sometidos a la misma cantidad de rayos cósmicos debido a que la magnetosfera protege la Tierra. Abandonar esta magnetosfera supone un riesgo mayor de producir demencia crónica, a menos que consigan fármacos que eliminen los radicales libres y se proteja la neurotransmisión.