Las universidades de Exeter, Nottingham y Lancaster enviarán miles de gusanos microscópicos a la Estación Espacial Internacional (ISS) para estudiar en ellos la pérdida de masa muscular provocada por los vuelos espaciales y tratar de hallar nuevos tratamientos terrestres contra la sarcopenia y la diabetes. Las larvas viajarán dentro de una incubadora, en bolsas de plástico permeables a los gases, y pasada una semana (cuando sean adultos) serán congelados hasta su regreso a la Tierra.

Una estancia de 6 meses en el espacio supone una pérdida de musculatura de hasta el 40%; un cambio extremo que, sin embargo, es comprable al proceso de envejecimiento en la Tierra.  Por otro lado, el mejor modelo para emular estos efectos en el cuerpo un humano es el de Caenorhabditis elegans, ya que comparten numerosas características biológicas y responden de forma parecida ante el entorno extremo del espacio. “Estos gusanos son muy similares a los humanos a nivel molecular, estructural y metabólico”, corrobora el investigador Tim Etheridge.

Además, “proporcionan muchas ventajas desde un punto de vista práctico: son muy pequeños, rápidos de criar, baratos y fáciles de mantener; es fácil trabajar con ellos”. El ministro británico de Ciencia, Sam Gyimah, también se ha pronunciado sobre este experimento, ya que será el primero a bordo de la ISS dirigido por Reino Unido. “No todos los días se oye hablar de la importancia de que enviar gusanos al espacio tiene para la salud sin embargo este proyecto es crucial para mejorar el bienestar de nuestros astronautas y el tratamiento de condiciones musculares en la Tierra”.