Si a esto se le añaden los efectos en la actividad física reducida, la microgravedad y el control del ambiente de manera artificial, la salud en condiciones de ingravidez se convierte en un continuo objeto de estudio. Los cambios en la composición y temperatura corporal también son una causa de alteración de los ritmos circadianos en el espacio.

Comprender cómo estos fenómenos afectan al reloj biológico ayudaría a entender el rendimiento y la salud de todos los miembros de la tripulación. Por eso, la NASA ha realizado un proyecto en el que analiza los efectos de la ausencia de fases de luz y oscuridad, y su implicación fisiológica y psicológica en las personas estudiadas.

La investigación examina la hipótesis de que los vuelos espaciales de larga duración afectan significativamente a los ritmos circadianos en los seres humamos debido a los cambios del ciclo luz-oscuridad. Esto, reduce la actividad física, los cambios en la composición corporal y la regulación de la temperatura mientras un cuerpo humano permanece en microgravedad.

Los resultados de este estudio sobre el sueño y la salud serán útiles para entender la adaptación del sistema nervioso al espacio. Los datos sobre los ritmos circadianos se recogieron mediante un doble sensor que mide temperaturas antes, durante y después del vuelo, y analiza la melatonina, una hormona relacionada con los patrones de sueño.

La Agencia Espacial Europea coincide en el papel de los ritmos circadianos durante los vuelos. Sus científicos aseguran que un ciclo que no sea de 24 horas de luz y oscuridad afecta a los cosmonautas. Los miembros de las tripulaciones deberían ajustar el sueño, el trabajo y la actividad física programada según los ritmos naturales. De esta forma, su salud y productividad se verían menos afectadas.