Scott Kelly mantiene las alteraciones detectadas en su ADN después de su estancia de 340 días en el Espacio, aunque la mayoría de los cambios físicos que experimentó se revirtieron a su regreso. “Me encuentro bien. Los cambios en el ADN no es algo que se pueda ver o para lo que existan síntomas”, ha declarado el astronauta a la agencia EFE en una entrevista concedida en Viena (Austria).

Scott Kelly formó parte junto a su gemelo Mark de un estudio que buscaba determinar qué incidencia tienen sobre el ADN los viajes espaciales. Mientras Mark estuvo 54 días en el Espacio entre 2001 y 2011, Scott Kelly pasó 340 días entre 2015 y 2016, convirtiéndose en el astronauta de la NASA que más tiempo ha pasado en el Espacio. En ese tiempo, la microgravedad hizo que creciera 5 cm, pero su estatura volvió a ser la misma una vez en la Tierra.

No obstante, el tiempo en el Espacio provocó también una serie de cambios en el ADN que se han mantenido. Tras el viaje, sus genes, idénticos a los de su hermano, se comportaban de manera distinta, y siguen haciéndolo. “Seguimos teniendo el mismo ADN, pero el mío se está comportando de forma algo distinta”, ha explicado Scott Kelly, que compara sus genes y los de su gemelo con una orquesta.

“Lo que cambia es que un 7 % de mi ADN ‘toca’ de una forma algo distinta. No es necesariamente malo o bueno, sino diferente”, ha comentado el astronauta.

En concreto, los genes de Scott Kelly que se compartan de una manera diferente están relacionados con la privación de oxígeno, la respuesta del sistema inmune o la formación de huesos; esos cambios estarían vinculados con el estrés corporal causado por el Espacio, según la NASA, cuyo desafío en estos momentos es llevar una misión tripulada a Marte, tal y como ha apuntado el astronauta, ya retirado.

“Creo que ya tenemos la mayor parte de la tecnología para ir a Marte”, ha afirmado Scott Kelly, que considera que hay que mejorar aspecto como la propulsión, los sistemas de apoyo vital o la protección frente a la radiación. En cualquier caso, el estadounidense cree que las barreras son “una cuestión más de ciencias políticas que de ciencia espacial”. “Sería arriesgado, podría morir gente, pero eso pasa cuando se explora lo desconocido”, ha añadido Scott Kelly, que vaticina que el hombre llegará a Marte en la década de 2030.

Scott Kelly ha recordado también que los avances que se logran en la carrera espacial tienen un impacto positivo en la sociedad. “Si piensas en la tecnología GPS, no se desarrolló para que la gente condujera sin mapas, eso sucedió al final. En un principio se desarrolló para vuelos espaciales”, ha comentado el astronauta, para quien también es importante el interés por la ciencia que la aventura espacial despierta en los niños.

"Nuestro objetivo debería ser que siempre haya alguien en el espacio. En algún momento la ISS (International Space Station) tendrá que volver a la Tierra, no sé cuándo será eso. Pero deberíamos de contar con otra infraestructura. Otra ISS, un hábitat en la Luna o una estación alrededor de la Luna”, ha subrayado Scott Kelly, que a pesar de estar retirado se plantea viajar a Marte llegado el momento. “Iría, pero me gustaría volver. Clavar la bandera en el suelo y volver a casa”, ha subrayado.