Esta investigación pretende que la salud de los cosmonautas se vea perjudicada lo menos posible en condiciones de ingravidez. El líder del proyecto, Arturo Hernández, profesor de Ingeniería Química, quiere tratar de reducir esas 5.000 partes de dióxido de carbono del espacio para que se asemejen lo más posible a las de la Tierra. Si los astronautas respiraran aire puro, se reduciría la ingesta de fármacos en los vuelos.

Esta ingravidez es capaz de dejar a los músculos en una situación de atrofia muscular que se está intentando evitar desde la NASA. Un estudio con voluntarios no astronautas está observando qué le sucede al cuerpo durante largos periodos de inactividad con el objetivo de prevenir atrofias posteriores.

Los responsables de este estudio son un equipo de ingenieros de Flight Analog Research Unit (FARU), quienes han establecido un centro de estudio en la Universidad de Texas para observar a los participantes mientras está tumbados en camas en ambientes ingrávidos que recrean la atmósfera espacial.

Esta falta de oxígeno es una cuestión que preocupa a todos los profesionales de esta especialidad. Otro estudio, esta vez de la Agencia Nacional Aeronáutica y Espacial Alemana, ha querido comprobar cómo afectaba la falta de oxígeno, la altitud y la baja presión a 10 ciudadanos que nada tenía que ver con el Espacio.

 

El cansancio y la falta de oxígeno podrían ser devastadoras para el cuerpo, además de que esas latitudes tan excesivas aumentarían el riesgo de sufrir edemas cerebrales o pulmonares que harían peligrar la vida de los astronautas. El lugar escogido para este estudio ha sido Suiza, en concreto, los Alpes a 4.000 metros sobre el nivel de mar.

Los efectos de la microgravedad en los sistemas circulatorios de 3 astronautas han sido este mes objeto de análisis. Kate Rubins, bióloga molecular que probó un secuenciador de ADN a principios de año, ha formado parte de estos experimentos. Lo que quería analizarse era el comportamiento de las células del corazón cómo se comporta los líquidos a escala molecular.

Esta misión quería ampliar información sobre los latidos del corazón en ingravidez, las reservas funcionales de los ventrículos, la cantidad de líquido que se acumula en un cuerpo, la interacción cardiaca y las posibles reacciones del organismo al volver a Tierra. Los datos que se recogen se almacenan en un ordenador para analizarlos después.

La microgravedad también ha sido analizada en cada tipo de célula para extraer y analizar proteínas que identifiquen los diferentes procesos biológicos afectados por la misma. Un estudio publicado en Taylor & Francis reveló que, de 66 procesos biológicos, 19 desempeñaron una función de adaptación a la falta de gravedad.

Las alteraciones cutáneas también son una de las consecuencias que se sufre en las condiciones extremas del espacio. Un estudio publicado en Nature en ratones que permanecieron 3 meses en la Estación Espacial Internacional demostró que la piel sufría atrofias y alteraciones cutáneas.

 

Los científicos de esta investigación comprobaron que el espesor dérmico se había reducido y el procolágeno sintetizado se había incrementado, quizá debido a un aumento del metabolismo del colágeno. Los datos recogidos indican que la atrofia podía estar asociada al deterioro de las moléculas de procolágeno.

Este mes de septiembre, un neurorradiólogo colombiano, Roy Riascos, ha sido premiado por la NASA por sus investigaciones sobre los efectos de la microgravedad en el cerebro y la columna vertebral de los cosmonautas. Él y su grupo de trabajo estudiaron alteraciones visuales de los tripulantes, así como la microestructura cerebral con la idea de adelantarse a posibles enfermedades.

También en Latinoamérica se ha celebrado este mes el Segundo Congreso Mexicano de Medicina Espacial, organizado por la Agencia Espacial Mexicana. En él han participado la Academia Nacional de Medicina de México y la Sociedad Mexicana de la Medicina del Espacio y Microgravedad.

Durante la jornada se llevaron a cabo diversos actos relacionados con este campo, como la presentación del primer libro de Medicina Espacial de México. En una de las conferencias, se trató de turismo espacial como una nueva área de interés e la Medicina Espacial, y se recordó que Estados Unidos tiene un programa desde hace tiempo en el que se establecen los requerimientos necesarios.

La prevención es la clave

Dentro de poco, la salud de los astronautas estará más protegida gracias a la alianza de la NASA con el Baylor College of Medicine de Houston. Ambas entidades han creado un instituto que tratará de presentar los enfoques más recientes para reducir los riesgos en seres humanos que participan en misiones espaciales de larga duración.

Por su parte, la atención médica en las estaciones espaciales ha dado un paso adelante gracias al androide Robonaut 2. Este robot es capaz de realizar funciones médicas básicas mientras se dirige por control remoto desde la Tierra por un equipo médico cualificado. La idea original es que Robonaut 2 realice intervenciones quirúrgicas en casos de urgencia.

Ya en Tierra, pero relacionado con la medicina aérea, el Centre for Public Health ha estudiado que las medias de compresión ayudan a evitar una trombosis venosa profunda durante un vuelo. La investigación indica que estas medias pueden evitar el edema en las extremidades inferiores tras un seguimiento con 11 sujetos elegidos al azar.