La agencia de noticias mejicana Conayt ha informado de que un grupo de investigadores, coordinados por Enrique Soto Eguibar, ha logrado recuperar la sensación de atracción gravitatoria gracias a un casco con microsensores y a un microcontrolador para la función vestibular.

La línea de investigación se basa en el análisis de la fisiología del sistema vestibular, que es el que produce reflejos para mantener el equilibrio, crear reflejos o estabilizar la postura y la mirada. Su funcionamiento es mediante células ciliadas, que son las encargadas de registrar las aceleraciones lineales propias de la gravedad.

El sistema de funcionamiento del casco es polisensorial, porque la información del vestíbulo se complementa con la táctil y con la visual. Todos estos datos generan reflejos en la médula espinal y se transmiten a la corteza cerebral para iniciar el proceso cognitivo. Cuando el sistema falla, se sienten mareos, alteraciones visuales y falta de equilibrio, algo similar a lo que les pasa a los ancianos en la Tierra.

Los astronautas tienen alterado este sistema porque la ausencia de gravedad imposibilita delimitar conceptos como arriba y abajo; por esta razón, los brazos de los cosmonautas pierden utilidad para recibir información táctil, a diferencia que sucede en la Tierra.

Aplicaciones médicas al daño vestibular

Científicos de la Universidad de California y de la Universidad de Moscú, en colaboración con la mencionada universidad mejicana, están intentando crear una prótesis con microgiróscopos y microacelerómetros basándose en que los órganos artificiales pueden imitar las funciones del organismo.

Para conseguir resultados óptimos, se comparó un sistema vestibular natural con uno artificial y se crearon procesos neuromiméticos basados en bioingeniería que obtuvieron un sistema protésico. Con este sistema artificial, la investigación se orientó en dos caminos: por un lado, a las personas con daño vestibular, y por otro lado a la aeronáutica.

 

Estudiar las aplicaciones en el campo de la Medicina implica una alta inversión debido a las pruebas clínicas a las que habría que someter al producto. Para las investigaciones se estudió el oído de un anfibio y un mamífero in vitro; se los colocó en plataformas rotatorias y se registró la actividad eléctrica y los órganos otolíticos.

Esta rotación era similar al giro de cabeza y provocaba una respuesta de las neuronas aferentes del vestíbulo. Además, demostró que el dispositivo era capaz de detectar vibraciones y desplazamientos direccionales, ya que el canal semicircular del anfibio era muy similar al de los humanos.

En una última etapa, se consideró implantar el dispositivo con estimulación galvánica, es decir, con un casco que proporcionara estabilidad. Este casco puede crear pequeñas corrientes galvánicas que permite conocer el grado de equilibrio de las personas analizando el efecto de la estimulación en personas con los ojos abiertos.

Este casco, protegido con patente estadounidense y completado con otra rusa, podría devolver la sensación de bidireccionalidad que causa la microgravedad a los astronautas. De este modo, contrarrestarían ciertas alteraciones en los mecanismos de control reflejo o en la estabilización de la mirada. El caso ya está operativo y lo ha construido la Agencia Espacial Rusa, Roscosmos.

(Imagen cogida de la agencia Conacyt)