“El mejor sitio donde puedes tener un infarto y posibilidades de vivir es Madrid; se trata de una de las capitales más protegidas del mundo”, donde, sin embargo, “aún falta un poco de educación sanitaria entre los alertantes”, explica el médico de emergencias extrahospitalarias, Alfonso Morán. Durante su participación en los Desayunos Informativos de MedLab Media Group, el urgenciólogo explicó que muchos de estos avisos innecesarios se deben al miedo, al desconocimiento e, incluso, al llamado síndrome de la soledad.

“Tenemos muchos avisos, y algunos absurdos; desde un atragantamiento con un crep, hasta un señor que decía que le había entrado ceniza del cigarro en el ojo”, ejemplifica Morán. En otra ocasión, cuenta, “una mujer llamó porque su hijo había comido nieve. Supusimos que, o bien el niño era muy pequeño, o la mujer estaba hablando de cocaína, pero al final supimos que el hijo tenía 35 años, estaba en Andorra y la mujer hablaba de nieve-nieve, de la que cae del cielo”.

El síndrome de la soledad

Sin embargo, en el podio de los casos curiosos se encuentran los llamados “códigos kínder sorpresa”; avisos imposibles de codificar antes de llegar al paciente. “Una señora llamó refiriendo los 7 males y otra, asustadísima, diciendo solo que se le moría el niño, sin especificar nada más”, recuerda Morán. En este caso, el primer paso fue activar el dispositivo y, solo después, intentar entender lo que estaba pasando; al llegar al domicilio, el equipo comprobó que “el niño era su perrito”.

Experiencias como esta han convencido a Morán de que los equipos de emergencias extrahospitalarias deben estar preparados para entender todo tipo de circunstancias. “Esta señora”, por ejemplo, “era muy mayor, vivía sola y, para ella, su perrito era fundamental”. El diagnóstico para este tipo de pacientes es, muchas veces, el nombrado por Morán como síndrome de la soledad. “Otra anciana llamó porque estaba mareadísima, sin poderse levantar, pero nada más llegar nos ofreció café y, para cogerlo, se subió a un taburete a pesar de los supuestos mareos”, lamenta el médico.

Formación enfermera

“El objetivo de la medicina, al menos tal como me enseñaron y practico, es quitar el dolor, incluso si ese dolor son los 7 males”, sentencia el invitado, “el sufrimiento del alma también es importante; de ahí la importancia de recibir cursos sobre la relación médico paciente”, defiende. La formación continua es un punto clave en la carrera profesional del urgenciólogo, tanto es así que, para Morán, resulta imprescindible que el médico adquiera también conocimientos de enfermería.

“Estamos acostumbrados a hacer de todo, cogemos vías, ponemos sondas, todo lo que le pedirías a una enfermera lo sabemos hacer; en situaciones de emergencia no podemos depender de tener un enfermero o no”, defiende Morán tras recordar un caso límite: un joven de 20 años se había seccionado la garganta, de lado a lado, con una botella de vodka. La asistencia tuvo lugar en el párking de la discoteca Fabrik, donde “las guardias son absolutamente peligrosas”. En 7 minutos, Morán y los 2 técnicos que le acompañaban infundieron al joven casi litro y medio de sangre más otro medio de expansores. “Si no hubiese tenido habilidades de enfermería ese chico se muere”.