Entre 1990 y 2015, los departamentos de Emergencias de EE. UU. han atendido a casi 17.000 niños menores de 6 años por lesiones relacionadas con el mal uso de una persiana; lo que equivale a una media de 2 pacientes pediátricos diarios. Según datos del Nationwide Children's Hospital, el 93,4% de casos se resuelve sin consecuencias graves para el menor; sin embargo, al menos una vez al mes, el paciente fallece como consecuencia del accidente.

Tras analizar los informes de 231 incidentes sucedidos entre 1996 y 2012, los investigadores observaron que los golpes eran el mecanismo más común de lesión (48,8%), mientras el estrangulamiento por enredo en las cuerdas de la persiana era el accidente más mortal. Según el texto publicado en Pediatrics, la franja de edad más vulnerable se sitúa entre 1 y 4 años, ya que el niño comienza a adquirir movilidad y curiosidad por su entorno.

En esta etapa, es muy probable que el pequeño pueda alcanzar las cuerdas de la persiana, pero no liberarse de ellas. Además, según los datos recogidos, la mayoría de las lesiones se produjeron mientras el menor estaba al cuidado de un adulto, en intervalos de unos 10 minutos en que el tutor se despistaba o debía prestar atención a otra tarea.

“Existe una percepción errónea de que, simplemente teniendo cuidado, nuestros hijos estarán a salvo, pero ni siquiera los mejores padres pueden cuidar a sus hijos cada segundo de cada día”, advierte el autor principal, Gary Smith. “Un niño curioso puede enredarse rápidamente y ahogarse en cuestión de minutos son poder emitir un sonido que alerte al padre del accidente”.

El doctor Smith considera inaceptable que este tipo de accidentes se sigan produciendo; sobre todo cuando existen persianas seguras disponibles en el mercado. “Se tiene conocimiento de este problema desde la década de 1940 pero los enfoques voluntarios de reducción de riesgos no son suficientes”, sentencia. Por ello, es necesario adoptar una serie de medidas adicionales:

  1. Reemplazar la persiana por un modelo sin poleas o cubrir las mismas con cortinas o contraventanas interiores.
  2. Retirar de la ventana camas, cunas, sofás u otros muebles que puedan servir de apoyo al niño para alcanza la persiana.
  3. No ceder a la falsa seguridad que proporcionan los kits de modificación y asegurarse de utilizarlos correctamente y a tiempo completo.
  4. Empezar a aplicar las medidas de precaución en las habitaciones donde el pequeño pasa más tiempo y extenderlas después a otros entornos; por ejemplo, sugiriendo estas mejoras a familiares o al colegio del niño.