Alfonso Morán en Haití

En 2010, Haití se vino abajo. Un terremoto se llevó por delante más de 300.000 vidas y dejó tras de sí miles de heridos. Para atenderlos, acudieron desde todo el mundo voluntarios como Alfonso Morán, médico de emergencias extrahospitalarias. “Allí perdí el concepto de la gravedad. Pierdes la capacidad de odiar y valoras hasta el vaso de agua que te bebes”, ha contado durante los Desayunos Informativos de MedsBla.

“También perdí la creencia en Dios. Dios no está en todos los sitios. El único sitio donde vi la presencia de Dios fue en los ojos de las enfermeras misioneras”, ha destacado Alfonso Morán, que trabajó durante 12 días en el Hospital de La Paz de Haití junto a voluntarios de diversos países latinoamericanos. “Los cubanos hicieron una labor fantástica. Poco se ha hablado de ellos”.

Durante su estancia en Haití, el médico acudía cada mañana al hospital. La jornada comenzaba al amanecer, ya que las Naciones Unidas no les permitían trabajar durante la noche por seguridad. “Supimos que hubo algunos tiros, pero nosotros no tuvimos ningún problema -ha relatado-. Nadie se metía con nosotros”. Nadie, de hecho, exigía ayuda, sino que esperaba pacientemente a ser atendido en campamentos improvisados a las puertas del centro hospitalario.

Decidir a quién atender

El 60% de los pacientes eran niños, con heridas abiertas en la cabeza, quemaduras o miembros necrosados. “Tenías 20 segundos para decidir a quién asistir y a quién no”, ha asegurado Alfonso Morán, que tuvo que decirle a un padre que se llevara a su hija a morir a casa porque sabía que no tenía ninguna oportunidad en aquel contexto, sin electricidad ni agua potable. “¿Impotencia? Toda, pero tienes que adaptarte”.

“Allí fue la primera vez que me han pedido cantar y he dicho que no”, ha asegurado el médico de emergencias extrahospitalarias, que en Haití tuvo la sensación de estar viviendo uno de los relatos que estudió en Historia de la Medicina. “Teníamos 10 partos diarios, la mayoría por estrés”. También realizaban varias amputaciones al día, algunas con una linterna frontal como único foco de iluminación.

“Lo que te cuente, peor”, ha afirmado Alfonso Morán, quien ha destacado el olor que desprendía Puerto Príncipe en aquellos días. “Aprendes a relativizar. Hombre, le pasa algo a mi hija y me da terror, pero ya está. No somos conscientes de la dimensión de la desgracia, pero lo que pasó en Haití sí que es un problema, esto sí que es grave”.