El entonces director de Emergencias Madrid, el doctor Alfonso Álamo, autor del libro, ha señalado que “aquel espantoso día forma parte de la historia de la ciudad y de España con el añadido que muy pocos acontecimientos poseen: la evocación de los mismos con solo la cita de la fecha. 40 millones de personas saben a ciencia cierta dónde estaban en aquellos momentos”.

Por su parte, el presidente del Icomem, Miguel Ángel Sánchez Chillón, ha subrayado “la labor de los médicos, sobre todo en las situaciones más críticas por los valores de voluntad, sacrificio, compromiso y, sobre todo, humanidad que nos definen”.

El gerente del SUMMA 112 de la Comunidad de Madrid, Pablo Busca, ha destacado “el importante espíritu de colaboración que tuvieron las distintas instituciones que actuaron frente al peor atentado sufrido en la ciudad de Madrid”, y ha puesto en valor la labor de las fuerzas y cuerpos de seguridad y de emergencia de la región.

El autor ha explicado “la sensación de angustia provocada por la incomprensión del entorno” que vivió aquella mañana. A pesar de haber vivido tragedias como el accidente del Aviocar en Bata, Guinea Ecuatorial en 1987 o el tsunami del Pacífico nicaragüense en 1992, se enfrentaba “no solo a la muerte, ni siquiera a la violencia de la muerte: es la muerte fuera de lugar, ajena a la naturaleza”.

Según ha detallado el doctor Alfonso del Álamo, “en ningún momento pensé en el peligro que podía correr yo puesto que era más fuerte el miedo a no ser capaz de asumir mis obligaciones y responsabilidades, de no estar a la altura”. En el libro también habla del traslado de los cadáveres a IFEMA así como de todas las familias y de cómo el papel del equipo que dirige era esencial.

“Nosotros, que nos denominábamos los ángeles de la vida, por una noche nos convertimos en los heraldos de la muerte al tener que comunicar personalmente lo sucedido a cada persona a sus familias”, ha añadido. Todo ello en un escenario de desconfianza y labilidad emocional, reconoce el médico.

El director de Emergencias reconoce haber convivido durante horas con la mayor concentración de pena y pánico que se pueda concebir. “Estoy completamente convencido de no sufrir un trauma duradero porque creo que he cumplido con mi deber, con el honor de servir”, ha subrayado.

El autor del libro ha querido destacar, sobre todo, la entrega de los profesionales que le rodearon esos días: “He tenido la oportunidad de trabajar con un grupo de personas extraordinarias que han demostrado una capacidad técnica tan grande como su calidad humana”.