“Cuantificar y caracterizar la incidencia y naturaleza de este tipo de daños puede ser útil para los esfuerzos de capacitación y prevención”, justifica R. Sterling Haring. Junto a su equipo ha analizado los datos de 120.847 individuos que, entre enero de 2010 y diciembre de 2013, sufrieron algún tipo de lesión ocular relacionada con la práctica deportiva.

Los investigadores han concluido que, en más del 70% de los casos, los traumatismos oculares registrados fueron de diagnóstico primario. Así mismo han hallado que las lesiones se producían con más frecuencia entre el sexo masculino, llegando a un 80% del total, y siempre entre individuos con una media de edad de 22 años.

Según los autores, el deporte más peligroso ha resultado ser el baloncesto, con un 23% de los damnificados, seguido por los jugadores de béisbol con un 14% y en menor medida por aquellos que habían practicado Paintball o manipulado pistolas de aire comprimido, en un 12%.

Sin bien la gran mayoría de las heridas eran superficiales, un 20% de las lesiones relacionadas con el béisbol correspondían a fracturas orbitales de gravedad. En cualquier caso “hasta las heridas leves pueden tener consecuencias a largo plazo”, recuerdan los autores.

“Las lesiones oculares son una causa importante de enfermedad y discapacidad en la población estadounidense y pueden predisponer al individuo a una lesión mayor, depresión o enfermedad sistémica” advierte Haring. Por otro lado, “estas lesiones suponen cada vez más una carga sustancial sobre los servicios de urgencias del país”, concluye.