Mona AuYoung, autora principal del estudio, ha destacado la idoneidad de la figura del médico de familia a la hora de implementar este tipo de hábitos saludables, no solo por su confiabilidad y cercanía con el paciente sino también por “la evidente relación coste-eficacia que puede reportar para la especialidad el orientar a los pacientes hacia la actividad física”.

A pesar de estas certezas, sólo un tercio de los pacientes han referido que su actividad física se debe a la recomendación de su médico de cabecera. Así mismo, el estudio recuerda que únicamente el 50% de los adultos estadounidenses llegan al mínimo de 150 minutos semanales de actividad física moderada que se recomiendan.

La posición “privilegiada” del médico, suele verse comprometida por una serie de factores como la falta de tiempo en consulta, la inexperiencia del médico a la hora de abordar el tema, la falta de motivación salarial o la dificultad de concienciar a pacientes que, por sus patologías o situación física no perciben el riesgo, tal como publica The American Journal of Medicine.

“La mejor forma de iniciar una conversación sobre los hábitos deportivos es sometiendo al paciente a algunas pruebas de sondeo de la actividad física”, ataja AuYoung. Una vez que, tanto médico como paciente, conocen la situación real y la recomendada, ambos deberán ceñirse a la máxima: “evaluar-aconsejar-llegar a acuerdos-asistir-organizar”.

Los autores sugieren la colaboración entre los distintos profesionales del centro médico, de manera que sea el médico de Atención Primaria quien “recete deporte”, pero los nutricionistas colaboren en la elaboración del plan individualizado de actividad y las enfermeras en el seguimiento del paciente.

Otro recurso médico imprescindible según el informe, sería la tecnología portátil; dispositivos como podómetros, rastreadores de fitness o app´s de ejercicios que cumplirían la doble función de motivar al paciente y “aligerar la carga de los médicos de familia”.

Igualmente, es esencial el estudio de las comunidades y las jornadas laborales, para hallar la manera de que le paciente pueda mantenerse activo en su día a día y su entorno. El médico podría, por ejemplo, ofrecer información sobre los recursos deportivos de la zona, según recomienda este nuevo informe de buenas prácticas.