En el estudio participaron 39 corredores que han desarrollado un programa de entrenamiento progresivo con una serie de ejercicios realizados en césped natural cuya carga era progresiva. Cabe destacar que dichos ejercicios estaban basados exclusivamente en carreras de forma continua o interválica y sprints.

Tras las 12 semanas que duró el entrenamiento, se comprobó que aquellos atletas que corrían descalzos cambiaron significativamente la técnica con la que impacta inicialmente el pie con el suelo. Los corredores de apoyo retrasado, lograron, de forma significativa, un patrón más adelantado.

Tras el estudio se han obtenidos otros resultados reveladores asociados con el riesgo de lesiones. Los investigadores observaron que, en la eversión interna del pie, se consiguió mantener invariable. Sin embargo, los referentes a la rotación del tobillo y del pie variaron desde un 5.5% hasta un 13.8% hacia una rotación más externa.

Por su parte, los investigadores subrayan que los beneficios de correr descalzo se logran cuando se adquieran unos hábitos técnicos. En caso contrario, el barefoot running podría llegar a implicar la aparición de otros factores de riesgo. Por eso, recomiendan ser prudente al iniciarse en dicha práctica.