Según explican los autores, la enfermedad renal crónica es una patología progresiva con un alto impacto socioemocional. El trabajo tenía como objetivo evaluar si el ejercicio físico en pacientes prediálisis mejora la función renal, así como si influye positivamente sobre parámetros hematopoyéticos o inflamatorios, entre otros.

El trabajo incluyó una decena de pacientes con 66 años de media y enfermedad renal crónica en estadio IV y V. A lo largo de un mes, realizaron 30 minutos diarios de ejercicio físico aeróbico. Se midió la función renal antes y después de la intervención, además de los parámetros inflamatorios-infecciosos, hematopoyético y del metabolismo óseo-mineral. También se administró el cuestionario de calidad de vida homologado para enfermos renales.

Los resultados mostraron que el ejercicio físico no tiene efectos sobre la función renal, los parámetros infecciosos-inflamatorios, los hematopoyéticos ni del metabolismo óseo-mineral en pacientes prediálisis; sin embargo, sí revelaron un efecto positivo en los síntomas renales, la carga de la enfermedad renal crónica y el componente físico. “El ejercicio físico es una herramienta coste-beneficio eficaz sobre la calidad de vida, reproducible y sin efectos secundarios”, concluyen los autores.