El estudio, publicado en la revista Alimentary Pharmacology and Therapeutics, se basa en la revisión literaria de los casos recogidos en las bases de datos PubMed, Ebsco, Web of Science, SPORTSdiscus, y Ovid Medline que se centraban en el impacto del abuso del deporte sobre los marcadores de lesión en el intestino.

Basándose en estos estudios, los autores concluyeron que, a medida que aumentaba la intensidad y duración del ejercicio, aumentaban también:

  1. La malabsorción de nutrientes.
  2. Los índices de lesión en el intestino.
  3. El deterioro del vaciamiento gástrico.
  4. La desaceleración del tránsito en el intestino delgado.
  5. La permeabilidad del intestino, que desemboca en la presencia de endotoxinas en sangre.

Ricardo Costa, autor principal del estudio, y su equipo, defienden que los síntomas de daño en el intestino podían manifestarse a partir las 2 horas de ejercicio a un 60% de consumo máximo de oxígeno (VO2 max), independientemente del estado físico del paciente. Así mismo, los trastornos parecían exacerbarse bajo temperaturas ambientales elevadas.

Por todo ello, concluyen, “el exceso de deporte aumenta el riesgo de padecer enfermedades del intestino”. No obstante, la práctica de ejercicio moderado sí puede ser beneficiosa para pacientes con síndrome del intestino irritable o enfermedad inflamatoria del intestino.