“Los niños tienen la necesidad innata de moverse, lo que contribuye a su adecuado desarrollo físico, emocional y psicosocial, tanto si están sanos como si padecen alguna cardiopatía congénita”, explica la experta. “Según un estudio, durante los primeros 5 minutos de ejercicio al aire libre se produce el mayor aumento de autoestima y mejora del ánimo”, ejemplifica de la Parte.

Para combatir los riesgos cardiovasculares que conlleva el sedentarismo, la cardióloga sugiere incorporar a la rutina del niño entre 30 y 60 minutos diarios de ejercicio. Así mismo, recomienda “la creación de infraestructuras en barrios y comunidades que garanticen un ambiente más seguro e incentiven la actividad física cotidiana”.

No obstante, la lucha contra el sedentarismo puede conllevar ciertos riesgos como es el desequilibrio hídrico en los niños. En este sentido, advierte de la Parte, la pérdida de agua que se efectúa durante la actividad física, “debe compensarse para que organismo funcione de forma correcta”.

El 80% del cuerpo infantil es agua, mientras que, en adultos, esta cifra desciende al 65%; en decir, “los requerimientos cambian, pero podemos estimarlos en función del peso del niño”. Así, por ejemplo, hasta los 10 años conviene beber entre 4 y 6 vasos diarios de agua, y de los 11 a los 18 años, hasta 8 vasos, ejemplifica la pediatra.

La ingesta de agua -a temperatura ambiente para evitar la distensión abdominal- contribuye a limpiar el organismo de toxinas, mejorar el metabolismo de los alimentos y evitar el estreñimiento, por lo que “es necesario acostumbrar a los niños a beber aunque no tengan sed”, concluye la doctora.