El proyecto, que será financiado durante 2 años por el Irish Research Council, contará con la participación de 200 deportistas de contacto de entre 18 y 24. Los voluntarios, muchos de ellos pertenecientes al Shamrock Rovers Football Club, se someterán durante el estudio a la toma de imágenes de la retina y a un seguimiento de su presión intraocular, entre otras métricas.

“A pesar de los peligros de una conmoción cerebral, su diagnóstico actual sigue siendo de carácter subjetivo”, reitera el autor principal del estudio Clare Lodge, fisioterapeuta y rehabilitador deportivo. “Hasta la fecha, no se ha validado ninguna técnica de imagen como herramienta para diagnosticar la conmoción cerebral, y la correlación entre los hallazgos de imagen y las funciones cognitivas o conductuales clínicamente mensurables es variable”, justifica.

“A nivel nacional -en Irlanda- faltan datan datos sobre la incidencia y prevalencia de estas lesiones, especialmente entre la población femenina”, admite Lodge; sin embargo, los traumatismos con conmoción “siguen siendo un problema mundial”, afirma el experto basándose en los últimos datos de los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) de Estados Unidos.

De los 1,7 millones de conmociones cerebrales que se producen cada año en EE. UU., el 20% corresponde a accidentes durante la práctica deportiva. Además, un 49% de los 133 entrevistados por esta misma fuente afirma haber sufrido conmociones anteriores a las actuales, lo que destaca la prevalencia de la patología. Según CDC, un jugador de rugby se expone a un riesgo potencial de conmoción cerebral un 28% mayor que la población general.

Por todo ello, “la exploración de marcadores objetivos que puedan contribuir al diagnóstico de la conmoción cerebral, es fundamental para ayudar a identificar y tratar a estos deportistas de forma temprana”, insiste el fisioterapeuta. “Sabemos que la retina es una extensión del cerebro y somos conscientes de que varios estudios sobre el síndrome del bebé sacudido han identificado hemorragias intraoculares que puede preceder tanto al reconocimiento clínico y radiológico”, recuerda.

Por lo tanto, “podemos explorar e identificar si existen cambios en la retina tras un traumatismo”, concluye Lodge. “Tiene mucho sentido examinar la retina con el fin de buscar los posibles efectos de la conmoción cerebral”, coincide el oftalmólogo y supervisor del estudio, David Kent, “especialmente en la fase aguda después de la lesión”, matiza el experto, quien ve en este trabajo una “oportunidad única para estudiar los efectos de las conmociones”.