Los autores del trabajo, Nick Fogt y Tyler W. Persson, estudiaron el seguimiento visual de 2 exjugadores de beisbol universitario expuestos frente a una máquina de lanzamiento. Ambos fueron instruidos para permanecer en espera, durante una primera tanda de lanzamientos, y para batear la bola en una segunda ronda.

Durante todo el ejercicio, los movimientos de las cabezas quedaron registrados mediante una serie de sensores en los cascos, mientras un rastreador ocular identificó la trayectoria de los ojos. Ambos deportistas mostraron estrategias de seguimiento visual similares.

Cuando los jugadores de beisbol esperaban el lanzamiento, seguían la trayectoria de la bola en el aire con la cabeza, pero, unos 150 milisegundos antes de que llegase a su posición, los ojos del sujeto se anticipaban a la trayectoria de la bola. La mirada de los jugadores se situaba cerca del punto donde la pelota iba a cruzar la línea del home.

Sin embargo, aseguran Persson y Fogt, cuando los jugadores de beisbol bateaban, la estrategia visual era otra. “El movimiento de la cabeza para seguir la trayectoria del lanzamiento era significativamente mayor que el movimiento de los ojos”, explican, “los bateadores mantenían la vista en la bola hasta casi 50 milisegundos antes de que cruzara la línea del home”.

Esta diferencia en el seguimiento visual se debe, según los investigadores, a que, mientras los jugadores esperan para batear, adelantarse de forma predictiva a la trayectoria de la bola puede proporcionarles información útil de cara al bateo. Se trata, dicen, de una estrategia de aprendizaje.

Mientras, el seguimiento visual tras el golpe mejora la predicción de dónde va a llegar la bola y en qué condiciones, por ejemplo, de rotación. En este caso, la estrategia tiene como objetivo lograr un golpe óptimo. No obstante, admiten, “puede que los jugadores de beisbol mantengan la vista fija en la pelota simplemente porque es para lo que han sido entrenados”. Por eso, sugieren realizar estudios similares en jugadores de beisbol de mayor nivel, así como durante partidos reales, en los que la trayectoria de la bola es menos predecible.