Los posibles beneficios del ejercicio físico en ancianos frágiles han centrado un estudio publicado en Annals of Internal Medicine. El objetivo de esta investigación ha sido confirmar si existe evidencia suficiente para afirmar que la actividad física puede prevenir la fragilidad.

Los investigadores han analizado si un programa de actividad física de intensidad moderada se asocia con un menor riesgo de fragilidad y si el estado de fragilidad altera el efecto de la actividad física sobre la reducción del riesgo de discapacidad.

A través de un estudio multicéntrico, simple ciego y aleatorizado en 8 centros de Estados Unidos, los autores del estudio analizaron la situación de 1.635 adultos de entre 70 y 89 años con limitaciones funcionales.

Para conocer los efectos del ejercicio en ancianos frágiles los investigadores desarrollaron un programa de actividad física de intensidad moderada en el que se incluyeron actividades aeróbicas, de resistencia y flexibilidad y uno de educación para la salud con talleres y ejercicios de estiramientos.

Fragilidad y riesgo de discapacidad

Durante la investigación se midieron la fragilidad y el riesgo de discapacidad de la movilidad. La fragilidad se midió a los 6, 12 y 24 meses; mientras que el riesgo de discapacidad de la movilidad se analizó durante un máximo de 3,5 años.

Los resultados mostraron que el riesgo de fragilidad no fue estadísticamente diferente en los ancianos que participaron en el programa de actividad física frente a los que acudieron a los talleres de educación en salud.

Los autores concluyen que un programa de actividad física no se asoció con un riesgo menor de fragilidad. Tal y como destacan, el efecto beneficioso de la actividad física sobre la incidencia del riesgo de discapacidad no fue distinto entre los ancianos frágiles y los no frágiles.