Timothy A. McGuine, autor principal del estudio, y su equipo se basaron en los datos de 1.544 estudiantes (50% mujeres) de unos 16 años de media, cuyo nivel de especialización deportiva se clasificó como bajo, moderado o alto. En el año escolar 2015-2016, todos ellos completaron una serie de cuestionarios sobre su participación, o planificación de participación, en cualquier actividad deportiva entre los 12 meses anteriores a la encuesta y los 12 siguientes.

A lo largo de 167.349 encuentros deportivos, los investigadores cuantificaron 276 lesiones en las extremidades inferiores, todas ellas en un 15% de los sujetos que, por esa causa, perdieron una media de 7 días de entrenamiento. Así mismo, comprobaron que el 49,2% de los adolescentes participó en una liga deportiva fuera del ámbito escolar y que el futbol era el deporte con mayor porcentaje de especialización deportiva: 265 jóvenes futbolistas habían participado en más de 60 competiciones anuales.

Según el estudio, durante el periodo de seguimiento las LEI más frecuentes fueron:

  1. Esguinces de ligamento (41%).
  2. Lesión de tobillo (34%).
  3. Lesión de rodilla (25%).
  4. Tirones en el músculo o tendón (25%).
  5. Tendinitis o tenosinovitis (20%).
  6. Lesión en la parte superior de la pierna (13%).

“Los resultados mostraron que los atletas clasificados como moderadamente especializados tenían una incidencia de LEI un 50% mayor, mitras en los jóvenes altamente especializados este riesgo aumentaba hasta ser un 80% superior al de los deportistas no especializados”, resume McGuine. Con estos datos en la mano, los investigadores proponen “educar mejor a los médicos, los entrenadores y los padres para que valoren las ventajas de la actividad física diversificada”.