El objetivo de este estudio era obtener cambios de una forma más rápida en la composición corporal de personas activas y poder desarrollar así una línea de entrenamiento basado en la hipoxia, que es un estado en el que el cuerpo está privado de oxígeno en la sangre, células y tejidos.

La hipoxia se produce cuando se expone al organismo a una cierta altitud en la que la presión parcial de oxígeno en el ambiente disminuye. Para ello, como explica Marta Camacho, investigadora principal del estudio, “hemos sometido durante un mes a sujetos que habitualmente entrenan 2 o 3 sesiones por semana a este tipo de ejercicios de alta intensidad combinándolo con exposición a un estado de hipoxia (lo que simula 3.400 metros de altitud).

Los deportistas han realizado los ejercicios en cámaras de hipoxia en las cuales se crea de forma artificial un entorno hipóxico que simula altitud”. Según indica la autora, “se ha comparado los cambios conseguidos por este grupo con los obtenidos por otro grupo de sujetos que han realizado en el mismo periodo de tiempo el mismo ejercicio, pero sin someterles a la exposición a hipoxia”.

De esta forma se ha comprobado cómo la población que se sometió a esta nueva forma de entrenamiento conseguía de una forma más rápida disminuir el porcentaje de grasa corporal, más masa muscular y aumentar la concentración de hemoglobina y hematocrito.