Según la agencia DPA, tobillos, rodillas, codos y pulgares suelen sufrir este tipo de lesiones, que pueden ser fruto de una colisión, en deportes de contacto con el fútbol, o de un trauma espontáneo, como la torcedura de un tobillo durante un partido de voleibol o una caída derivada de un resbalón.

Para el especialista en ortopedia Patrik Reize, lo más recomendable después de que un ligamento se rompa es aplicar hielo, comprimir la articulación con un vendaje y sujetar el brazo o pierna afectados. La necesidad o no de operación depende del tipo de ligamento y de si hay daño en el hueso.

“La mayoría de las roturas de ligamentos cicatrizan por sí mismos, siempre y cuando los ligamentos internos no estén afectados”, señala Tusk, quien explica que la típica lesión de ligamento externo normalmente se trata con cinta adhesiva. Esto, sin embargo, no funciona con los ligamentos cruzados, que precisan cirugía.

“La articulación entonces tiene que ser inmovilizada por un tiempo”, apunta el fisioterapeuta Michael Preibsch, de acuerdo con el cual esta inmovilización implica una pérdida de fuerza muscular que retrasa la curación. Esta requerirá, al menos, 6 meses.

Las lesiones de tobillo, por su parte, se curan con relativa rapidez, ya que los ligamentos normalmente crecen juntos por su cuenta, por lo general entre 6 y 12 semanas después de la lesión. La fisioterapia ayudará a agilizar la rehabilitación.

Tanto Reize como Tusk aconsejan realizar un calentamiento adecuado antes de hacer ejercicio para reducir el riesgo de desgarros en los ligamentos. Entrenar la coordinación, la fuerza y la resistencia, también ayudan en este sentido.